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El PP tiene un problema en Cataluña

martes 20 de octubre de 2009, 02:02h
La marcha de Montserrat Nebrera del PP catalán no ha sorprendido a nadie. En todo caso, refleja bien a las claras el estado de descomposición interno de un partido que lleva demasiado tiempo sin levantar cabeza. El Partido Popular de Cataluña tiene una prolongada y alarmante crisis de liderazgo. Ello es debido no sólo al demérito de sus sucesivos responsables, incapaces de llevar a cabo una gestión mínimamente aceptable, sino a una jugada de Jordi Pujol que aún hoy pasa factura al PP. Cuando José María Aznar necesitó del apoyo de CIU en su primera legislatura, Pujol puso como precio la cabeza del entonces líder de los populares catalanes, Alejo Vidal-Quadras. Con ello, Pujol logró dar un golpe de gracia al partido en Cataluña, del que todavía no se ha repuesto.

Aunque no toda, gran parte de la responsabilidad del desgobierno del PP catalán hay que exigírsela a Mariano Rajoy, quien lleva al frente de los populares el tiempo suficiente como para haber afrontado hace ya mucho un problema que se veía venir. Por el PP catalán han desfilado todo tipo de “outsiders”, aventureros y fracasados que no han llegado a dar la talla en ningún momento. Un buen ejemplo de ello es su actual presidenta regional, Alicia Sánchez Camacho, cuyo principal “logro” es haber sido cabeza de lista por la única provincia que no obtuvo representación del PP en el Parlamento, Gerona. Todo lo cual deja a los pies de los caballos a una sufrida militancia que merece algo mejor. Conviene recordar que el PSOE obtuvo en las últimas elecciones generales 25 diputados en Cataluña, por 7 del PP. Traducido en votos, más de 1.600.00 de los socialistas por apenas 600.000 de los populares, o lo que es lo mismo, más de un millón de votos de diferencia. Desde el entorno de Rajoy se repite últimamente el mensaje de que el PP se va a volcar en Cataluña. Pues volcar, lo que se dice volcar, ya han volcado, y de qué manera. Si Rajoy pretende ser alternativa de gobierno, debería empezar por tener un partido sólido y cohesionado, con un mensaje claro y válido para cualquier parte de España. A día de hoy, eso no sucede en Cataluña. Y mientras esa tendencia no varíe, nada cambiará. La suerte de los funcionarios del PP (o, para el caso, del PSOE) sólo a ellos interesa pero contar con una oposición fuerte que presente una alternativa sólida y creíble interesa a todos los ciudadanos y, por tanto, también a este periódico.
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