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Gobierno y Presupuestos, a cual peor

miércoles 21 de octubre de 2009, 01:31h
El Congreso de los Diputados era escenario ayer de un intenso debate con los Presupuestos Generales del Estado como telón de fondo. Llama la atención de que incluso quienes los van a apoyar fueran remisos a mostrar un entusiasmo digno de quien va a permitir que se aprueben las cuentas del Reino, quizá porque hasta algunos socialistas saben que estos Presupuestos son una auténtica calamidad. Pero dejando a un lado la cuestión de fondo presupuestaria, resulta chocante el giro copernicano experimentado por el Gobierno a la hora de tratar con sus aliados parlamentarios, en este caso el PNV.

A raíz de la manifestación proetarra el pasado fin de semana, en la que pudo verse a una nutrida representación del nacionalismo vasco, el ministro Rubalcaba llegó poco menos que a decir que el PNV le hacía el caldo gordo a ETA: en todo caso, ningún descubrimiento. No fue el único, por otra parte, ya que la desvergüenza de los peneuvistas a la hora de posicionarse junto a los acólitos de la banda terrorista, mientras coreaban consignas favorables al asesinato político, fue pública y notoria, y así lo expresó la mayor parte de la clase política de bien. Por eso es chocante que aquellos a quienes se demonizaba hace un par de días sean ahora compañeros de viaje parlamentario. Porque no se trata de un juego de aritméticas parlamentarias, por lo demás algo natural en el devenir democrático de cualquier parlamento, sino de una estrategia pactada por PSOE y PNV.

Hace ya tiempo que se demostró que la estrategia Zapatero-Balnco de optar por los partidos nacionalistas como socios constituyentes en detrimento del PP había fracasado en toda su extensión. Lejos de moderarse e integrarse en el sistema, los nacionalistas han extremado su soberanismo, creciéndose y haciendo de sus leoninas y voraces demandas -muchas veces imposibles de asumir- algo que Moncloa concedía sin mayor problema. De aquellos polvos vienen ahora estos lodos. Y lo que queda. Por eso mismo, el Gobierno debería hacer gala por una vez de sentido de Estado y tratar con el principal partido de la oposición los asuntos que realmente interesan a España, en lugar de acompañarse por unos compañeros de viaje, los nacionalistas catalanes y vascos, poco o nada de fiar. Y de paso, no hacer papelones como el de los últimos días, protestando airadamente con los que dos días después le sacan las castañas del fuego presupuestario. Algo de coherencia no iría nada mal.
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