Ante la corrupción
martes 03 de noviembre de 2009, 21:04h
Siempre he sostenido que, por duro que pueda resultar, siempre hay que partir de la realidad existente. Esto implica dos presupuestos, por un lado, tener la capacidad suficiente para conocerla, sin exagerarla ni dulcificarla, algo que no siempre resulta fácil. Por el otro, no morir en la realidad, esto es, reaccionar frente a ella; partir de la realidad no significa asumirla pasivamente.
Los últimos meses están siendo verdaderamente duros para la realidad política española. Los ciudadanos asistimos al lamentable espectáculo de la corrupción que se da por todas las latitudes de nuestra geografía y afectando a todos los partidos políticos tradicionales -que llevan varias décadas disfrutando, de una forma o de otra, del poder político-. Lo primero que hay que constatar son dos hechos: 1. Aunque la realidad de la corrupción es dura y extendida, también es cierto, y es una buena noticia, que los sistemas de control y supervisión sobre los corruptos están funcionando, tarde o temprano los casos de corrupción se conocen y se depuran responsabilidades jurídicas y con más o menos acierto, políticas; 2. Se dice que la corrupción es algo consustancial a la naturaleza humana, que siempre ha existido y que hay que vivir con ella.
Reflexionemos un poco sobre esta segunda afirmación, pues tiene mucho calado político, social y cultural, cómo nos posicionemos ante ella. De entrada, es cierto que el mal es consustancial a la naturaleza humana y la corrupción o ausencia total de valores es una manifestación de la misma. Sin embargo, hay determinados grados de corrupción que una sociedad democrática no puede tolerar. Salvador Giner y Victoria Camps nos advertían sobre los por ellos llamados polizones democráticos, un porcentaje demasiado elevado de los mismos en la estructura política de un país, te puede dar llevar a éste al desastre. Los casos de Italia o Argentina -recuerden el corralito- son claro aviso del camino que no hay que tomar.
Creo que ha llegado el momento de tratar de sacar lo mejor de nosotros mismos. La sociedad civil española tiene que despertar, reaccionar, actuar con madurez y criterio ante esta realidad. Parece que los cuarenta años de franquismo nos han hecho más daño del previsto. La sociedad civil no puede esperar pasivamente a que alguien nos venga a solucionar las cosas, no basta la crítica constante de lo mal que está todo sin implicarse activamente en la vida pública de España para empezar a cambiar las cosas. El PSOE y el PP están totalmente agotados como partidos, precisan de una reforma total en sus estructuras, los síntomas de cansancio, desorientación y mediocridad son ya muy evidentes. No me parece sano ni positivo el clima de desanimo generalizado en el que vivimos, puede que haya motivos para ello, la situación política y económica es ciertamente preocupante, pero lamentarse y lamerse las heridas no nos lleva a ninguna parte.
Creo que ante esta realidad sólo hay un camino: implicarse más en la vida pública, sin miedos ni complejos, tratar que los mejor preparados a nivel profesional y especialmente moral, accedan a los puestos de responsabilidad, es el momento de asumir todos responsabilidades, de que se vea la madurez de la sociedad española, que somos nosotros los únicos que tenemos la responsabilidad y la capacidad para mejorar la situación, cada uno desde su posición y profesión tiene que asumir su cuota de responsabilidad. Necesitamos como decía Joaquín Costa, líderes, pero también como decía Giner de los Ríos, un pueblo. Cada generación tiene, no lo olvidemos, la vida pública que se trabaja. Es el momento de tirar del carro de la res publica con lo mejor que tengamos, no creo que si Alemania, Francia o Estados Unidos lo han hecho, nosotros no podamos.
Termino con las mismas palabras que Bertrand Russell concluía su libro Sociedad humana: ética y política. Al referirse a los políticos mediocres, advertía: “nunca se han elevado sus mentes más allá de las consideraciones diarias de la utilidad momentánea en una reñida contienda por un poder breve”. Para finalizar indicando el camino a seguir: “El futuro del hombre está en juego, y si hay bastantes hombres que se den cuenta de esto su futuro está asegurado. Los que van a resolver los problemas del mundo necesitarán valor, esperanza y amor”.
|
Catedrático de Derecho de la URJC
|
|