Rajoy tendrá que decidir: o Esperanza o Gallardón
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 03 de noviembre de 2009, 21:33h
La intervención de Rajoy ante el Comité Ejecutivo del PP este martes ha tenido la tonalidad del “j’accuse”, sólo que con un “es inadmisible” al comienzo de cada párrafo. Es inadmisible esto y lo otro, los insultos públicos del vicealcalde de Madrid a la presidenta de la Comunidad, apoyados por Gallardón, y las firmas de alcaldes madrileños contra el segundo de éste; es inadmisible la desunión interna y la indisciplina verbal del segundo de Camps, el ahora apestado Ricardo Costa.
Y como estas actitudes (las de Aguirre, Gallardón, Cobo, Camps, González, Costa y la troupe de todos ellos) son inadmisibles, “no habrá próxima vez”, porque él, Rajoy, aprueba las listas electorales. Por el contrario, los elogios a Rajoy oídos de boca de los barones regionales periféricos, es decir no madrileños, han de considerarse tácitamente admisibles.
Bien: ¿qué quiere decir Rajoy con que algo es inadmisible? ¿Que castigará al que lo haya hecho, o le dará otra oportunidad? ¿Que todos son culpables (Camps por tardar en destituir a Costa; Costa por intentar su defensa numantina; Cobo y Gallardón por atacar a Aguirre; ésta por esgrimir su poder madrileño contra el adversario interno de la Alcaldía de la capital? ¿Que, por tanto, va a disciplinar a todos de la misma manera?
Permítase la duda. Porque Rajoy parece situarse en porte salomónico, pero fue tan obvia la agresión a Esperanza Aguirre que resulta raro que ésta reciba un rapapolvo equivalente al de Gallardón y Cobo. Luego Rajoy se la tenía guardada, y por eso, no sólo no la ha defendido, sino la ha puesto en la picota, por encima (en tonos y matices, más que en declaraciones textuales) de la colleja a Gallardón.
Así, estos procelosos días para el PP culminan (o continúan) con una sensación. A Rajoy le gusta más Gallardón que Aguirre. A Rajoy no le parece demasiado mal que le sieguen la hierba bajo los pies a la presidenta madrileña. Rajoy quiere, ha querido y está decidido a embridar cualquier tentación autónoma de Esperanza Aguirre. Y Rajoy, estuviera más o menos contento con el faltón alegato escrito en “El País”, no ha podido dejar de verlo como una oportunidad personal. Para concitar apoyos de los barones escandalizados con la batalla de Madrid. Para imponer a su candidato (y el de Gallardón), Rodrigo Rato (impecable, todo sea dicho) para la Caja de Madrid, cuyo nombramiento correspondía teóricamente a la iniciativa de Esperanza Aguirre. Para doblar el pulso a ésta, en definitiva, y fortalecer una alianza de hierro con Gallardón que rememora la antigua relación que ambos tuvieron en la época de Alianza Popular.
Parece evidente que el alcalde de Madrid no podía desconocer esta inclinación, pues en caso contrario jamás se hubiera atrevido a fomentar y respaldar una iniciativa, la famosa entrevista, tan propia de sanción disciplinaria hasta en una ONG. Y si lo hizo no fue para lanzar un órdago a Rajoy, sino para dejar patente que Esperanza Aguirre no gozaba del favor del líder.
¿Es ahora Rajoy más o menos líder que antes de los últimos conflictos internos en el PP? Desde luego, cada día tiene menos contestación interna, porque si hay algo que odian en los partidos de esta democracia hecha a su medida es la confusión. Y, ante este fantasma, están dispuestos a apoyar al que dé un paso al frente, no vaya a ser que todos pierdan el chiringuito por un quítame allá estas pajas.
Pero el propio Rajoy no lo debe tener tan claro. Sólo desde la inseguridad, un líder puede apelar a lo obvio: que es él el que manda. Que él hace las listas. Porque todo el mundo lo sabía ya, luego, al decirlo, Rajoy no pretende recordarlo, sino autoconvencerse del liderazgo.
Quizá Rajoy sea capaz de autoayudarse con un manual tipo “Tú también puedes ser un líder”. Pero esto no elimina el abismo entre personalidades altamente relevantes de sus filas. Por eso, Rajoy, en algún momento, antes o después de confeccionar sus famosas “listas”, tendrá que optar: o Esperanza Aguirre o Ruiz Gallardón. Ambos serán “inadmisibles”, pero al menos uno de ellos tendrá que ser admitido. Y tiene toda la pinta de que el oscar de Rajoy va para… Gallardón.
Claro que siempre queda una oportunidad. Escenificar el gran abrazo pacificador, tan teatral como sea menester. Pero, para ello, tendrá que dejar Rajoy un resquicio de salida para una Esperanza Aguirre, cada vez más acorralada junto a sus huestes que, por cierto, tienen motivos para adorarla por su valiente energía. Y de todos es sabido que los gatos, animales madrileños por excelencia, son peligrosos en los rincones.
En fin, si Rajoy opta por la eliminación de Esperanza Aguirre, habrá dado un gran paso para su estabilidad. Sólo tendrá que preocuparse de Ruiz Gallardón. Pero el brillante alcalde no representa ningún problema. Es dócil como las ovejas, odia las intrigas, carece de ambición y apenas prodiga su imagen a izquierda y derecha del electorado. Un ejemplo, en suma, de lealtad perruna, como todos mis amables lectores conocen de sobra.
Postdata democrática
Por cierto, algún día hablaremos sobre nuestra bonita y sólida democracia, en la que un líder de partido (lo hacen todos) confecciona la lista de todos y cada uno de los representantes, presuntamente, del pueblo. ¿A quién deben éstos, los alistados, en suma, fidelidad? ¿A quien les designa o a quienes le votan?
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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