Crítica
Boris Vian: No me gustaría palmarla. Poemas ilustrados
jueves 05 de noviembre de 2009, 19:24h
Boris Vian: No me gustaría palmarla. Poemas ilustrados. Prólogo de David Villanueva. Varios traductores. Madrid. Demipage, 2009. 80 páginas. 24€
Con motivo del 50 aniversario de la muerte de Boris Vian, la editorial española Demipage ha publicado este año No me gustaría palmarla, libro de poemas de Boris Vian que fue editado en Francia por primera vez en 1962 –es decir, tres años después de la muerte de Vian– por el gran escritor francés Jean Jacques Pauvert y con la intención de contribuir al recuerdo del escritor y de ayudar a su viuda Ursula Kübler.
Este libro es una rara joya del mundo editorial y en el que se aprecia tanto su muy cuidada edición como la riqueza y pedigree de quienes han prestado su colaboración a modo de íntimo homenaje; personas tan notables como los escritores Fernando Savater y Luis Antonio de Villena, el poeta Luis Alberto de Cuenca, el cantante Javier Krahe y el músico Santiago Auserón, entre otros, que han traducido alguno de los poemas. Las ilustraciones provienen de otros tantos notables dibujantes y pintores que fueron elegidos por un ilustrador de Montreal, Martín Matje y que desgraciadamente murió antes de ver publicada su creativa propuesta, pero sus ya casi póstumos dibujos aparecen en tinta roja en las primeras y últimas páginas de este libro.
Para quien no conozca la obra de Vian hay que advertir que también en este libro como en toda su obra se aprecia el íntimo deseo de Vian de provocar, de enervar al lector con alguna triquiñuela, que en este caso poético es el de inventarse términos y palabras, de ahí que nos parezcan defectuosas las traducciones de algunos poemas. No es un error ni un pésimo conocimiento de la lengua de Racine o Moliere a cargo de –en el siguiente caso– Luis Antonio de Villena. Es una premeditada burla e inventiva. He aquí el ejemplo más claro de cuanto afirmo (pág. 24):
No estoy con la conveniente alegría
Para escribir pohesías
Si fuera como antaño
Las haría más de grado
Pero me siento aviejado
Me siento muy serioso
Y más bien conciencioso
Y sobre todo me siento perezudo.
Bromas aparte, es especialmente hermoso el poema que da título al libro (pág. 12):
...No quisiera morir
Sin haber agotado
Mis labios en sus labios,
Mi todo con su todo,
Su todo con mis manos...
Y el que se titula “Yo quisiera” (pág. 44) tiene todo el aire burlón y escéptico:
Yo quisiera
Yo quisiera
Ser un poeta de altura
Que la gente
De cultura
Por las nubes me pusiera
Lo que pasa
Es que paso
De terminar sepultado
Entre papeles y libros
Tanto me importan los vivos
Que no me deja contento
Hacer rimas con el viento
He aquí un digno y vivo testamento escrito de uno de los hombres más curiosos, polifacéticos, creativos y polémicos de la Francia de la segunda mitad del siglo XX, que vivió en un tiempo apasionante, conoció el gran Paris de la posguerra, fue amigo de Jean Paul Sartre, colaboró en la revista Combat que editaba Albert Camus, fue músico de jazz, descubrió el Barrio Latino y Saint-Germain como el paraíso literario de una generación de creadores y escribió novelas y canciones y hasta se inventó un escritor estadounidense negro –Vernon Sullivan– bajo cuyo nombre publicó una novela, Escupiré sobre vuestras tumbas (1946), que fue un escándalo en Francia por la violencia y el sexo contenidos en el relato, que describía una venganza racial, y por la que fue juzgado. Vian compuso además una canción en la que un soldado escribía un carta al Presidente de la República negándose a incorporarse a filas, titulada “El desertor”, que causó notable escándalo en la Francia de entonces, inmersa en la llamada guerra de Argelia, y que fue uno de los grandes hitos musicales y culturales de la revolución de Mayo de 1968.
En uno de sus poemas, “Me moriré de un cáncer de esqueleto”, Vian escribe (pág. 64):
Me moriré de un cáncer de esqueleto, seguro
Será una tarde horrenda
Clara, templada, perfumada, sensual
Moriré de una extraña podredumbre
De ciertas células muy poco estudiadas
De una pierna arrancada por la rata gigante
De un agujero negro
Moriré de un sinfín de pequeñas cortaduras
O porque el cielo se me habrá caído encima
Roto como un gran vidrio
Pero no, Boris Vian murió a los 39 años víctima de un ataque al corazón, consecuencia de una prolongada dolencia cardíaca, que le sorprendió en un cine de Paris, visionando un pase privado de la película basada en su novela Escupiré sobre vuestras tumbas. Fue un tipo notable y un maldito.
Por Carlos Abella