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Obama camino de China

lunes 16 de noviembre de 2009, 18:16h
El segundo Bush al llegar a la Casa Blanca llamó a China competidor estratégico. Parecía que los neocons habían encontrado otra principal amenaza tras la desaparición del peligro soviético. Sin embargo, el 11 S cambió rotundamente la situación. El terrorismo islámico pasó a ser la principal amenaza, y China, que no se opuso a la invasión de Afganistán, pasó a ser colaborador de Estados Unidos.

La administración Obama da muestras de un enorme respeto hacia China. El Presidente dijo ante la ONU que “a ninguna nación se le puede imponer la democracia, cada sociedad ha de buscar su camino”, y se negó a recibir al Dalai Lama. Su Secretaria de Estado dejó claro que “los derechos humanos no pueden interferir con prioridades económicas y diplomáticas más importantes” en la relación con China. La defensa del interés nacional prima sobre la utilización de los valores (democracia, derechos humanos) como arma arrojadiza, lo cual no excluye su afirmación; el realismo prevalece sobre el idealismo.

La actitud de Obama es correcta: a China hay que pedirle que observe una conducta pacífica y responsable en sus relaciones con los demás países, incluido el respeto por las reglas del juego de la economía global. En materia de derechos humanos, cuya observancia viene mejorando en China las últimas décadas, aunque queda no poco por hacer, hay que seguir trabajando a través del “diálogo crítico” puesto en marcha por la UE, la menos mala de las vías posibles. La democracia sólo puede ser resultado de la evolución interna de la sociedad china.

Henry Kissinger comparte el enorme respeto de Obama por China. La considera ya una gran potencia, llamándola “ fellow superpower“ expresión exagerada hoy por hoy, pero no, según todos los indicios, en un futuro no muy lejano, y considera que “ las relaciones entre Estados Unidos y China deben elevarse a un nuevo nivel , basado en el concepto de destino común, según el modelo de la relación trasatlántica en la segunda postguerra mundial ”. Nada menos.

Estas actitudes responden tanto al auge económico de China, cuyo PIB alcanzará al de Estados Unidos, salvo sorpresas, en pocas décadas, como a la fuerte interdependencia puesta de relieve por la crisis económica global, que ha conmovido las economías occidentales hasta sus cimientos. Para la recuperación de la crisis, máxima prioridad de Obama, el papel de China es decisivo: su paquete de estímulo es el mayor del mundo en relación al PIB, fue el primero en adoptarse y es el que ha dado mejor y más rápido resultado, de modo que China ha hecho la principal contribución a la salida de la crisis. Es decisivo para Estados Unidos que China, que tiene por encima del 70% de sus 2,3 billones de dólares en reservas en títulos norteamericanos, no se desprenda de ellos y siga comprando más. La estabilización de la economía global exige que Estados Unidos consuma menos y que el consumo de China aumente, de modo que pase a ser uno de los principales motores de la economía global. Dijo Hillary Clinton: “¿Por qúe no podemos ponernos duros con China? ¿Acaso puede uno ponerse duro con su banquero?”.

El entramado de intereses económicos comunes, el cambio climático (entre Estados Unidos y China producen más del 40% del total de las emisiones de CO2) y la cooperación para resolver problemas internacionales de alcance global, hace que el diálogo bilateral chino-norteamericano tenga una importancia crítica. Cuando Obama dijo que “la relación Estados Unidos-China determinará el siglo XXI” no intentaba marginar a nadie, sino que se limitaba a reconocer la realidad de las cosas. Del mismo modo que en el seno de la UE el diálogo y la concertación entre Francia y Alemania son ineludibles, también lo son en el seno del G20 entre Estados Unidos y China.

Ese es el contexto de la próxima visita de Obama a China. Habrá que ver como sus contactos en Pekín contribuyen a la articulación de ese inevitable G2 que va a tener, y que tiene ya, un peso decisivo sobre los destinos del mundo.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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