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El liberalismo de Marañón en torno a los intelectuales de la Generación del 14

miércoles 18 de noviembre de 2009, 21:43h
La tercera jornada de la Semana Marañón ha contado con el director de la Fundación Gregorio Marañón, Antonio López Vega, y los profesores Juan Pablo Fusi, Helio Carpintero y Diego Gracia. Los discursos de este miércoles han versado sobre la trayectoria liberal del médico y sobre las corrientes liberales que se asentaron en España durante la República, la Guerra Civil y la Dictadura franquista.
La tradición liberal de Gregorio Marañón ha vuelto a centrar un día más los discursos de los ponentes de la tercera jornada de la Semana Marañón. El director de la Fundación Gregorio Marañón, Antonio López Vega, ha repasado los vínculos del médico con el liberalismo desde 1914, año del comienzo de la II Guerra Mundial y año que da nombre a la generación que integró él así como Ortega y Gasset, entre otros.

Fue a principios de la década de los 20 cuando, según López Vega, los intelectuales de aquella generación abogaron por la “europeización y por la emergencia de una España nueva”. Pronto, el doctor comenzó a publicar artículos en la prensa sobre cuestiones sanitarias “aunque con implicaciones políticas”, tal y como apunta López Vega. Bajo el prisma de la responsabilidad moral, Marañón acogió la Dictadura de Primo de Rivera con estupor. “Tanto él como Unamuno la combatieron y defendieron la necesidad de una conciencia civil, una interpretación del papel histórico de las dictaduras y el deber de los intelectuales de implicarse”, dice el profesor López Vega.

Tercera jornada de la Semana Marañón (Foto: Manuel Engo)


Desconcierto sincero
Poco después llegaba 1930 y con aquel año, el momento crucial para los intelectuales. Con la llegada de la II República, añade el profesor, “Marañón entendió que este periodo tenía el deber de impulsar cambios en la educación, en lo social o en lo económico”. Estalla la sublevación del 18 de julio de 1936 y el doctor decide marchar al exilio en París. Según relata López Vega porque, tal y como el médico escribió, “iban a matarnos”. Comienza entonces una etapa de desconcierto, que no le impidió, según el director de la Fundación Gregorio Marañón, “mantener intacta su defensa de la vida que lo llevó, entre otras cosas, a ayudar a los que se lo pidieron”. Se convirtió, puntualiza, “en puente de las dos orillas”. Ya de regreso, en 1942, adoptó un “liberalismo posibilista” y logró levantar la bandera de la libertad en un momento muy complicado.

Fue pues, hasta su muerte en 1960, “un defensor constante de los principios liberales, que mostró atención por los exiliados y cuidó de quien le pidió ayuda”, sentencia López Vega, a quien han seguido por orden de intervención Juan Pablo Fusi, Helio Carpintero y Diego Gracia, quienes han conversado sobre la situación del liberalismo en el interior del país en tiempos convulsos así como el indudable papel de los intelectuales.

Liberalismo en el interior
Fusi ha repasado la labor cultural del liberalismo de interior de 1940 a 1960 para lo que ha enumerado la extensa lista de nombres de intelectuales que publicaron por aquellos años, en muchos casos sus mejores trabajos. “En la labor de Baroja, Ortega, Dámaso Alonso o Marañón no hubo nada del proyecto cultural del franquismo”, afirma Fusi, al tiempo que añade que “gracias a todos ellos España no fue un desierto cultural”.

Tercera jornada de la Semana Marañón (Foto: Manuel Engo)


Carpintero ha querido centrarse en las figuras de Ortega y Gasset y Marías para analizar el peso de la filosofía y del liberalismo español por aquellos años. Así, ha citado algunas de las ideas de Ortega como “soy esencialmente libre porque tengo que optar entre diferentes posibilidades” o “la libertad está históricamente determinada”. Según Carpintero, Ortega sintetizó sus ideas en que “en el liberalismo el poder tiene límites mientras que en el absolutismo no los tiene”. Es esta la herencia que recupera Marías, quien más joven que Ortega, estudia la dimensión básica de la persona para acabar afirmando, como ha recordado Carpintero, que “el liberal tiene melancolía entusiasta”. El liberalismo adquiere con él “una entidad moral y una autenticidad humana”, según el profesor Carpintero.

El talante liberal ha sido la idea manejada por Gracia en su discurso. “Ser liberal es una condición, es un estilo de vida”, ha afirmado en varias ocasiones. Del espíritu de la Generación del 14, Gracia ha dado un salto en el tiempo para referirse a Laín o Ridruejo, “herederos de esos ideales y los artífices del espíritu de la Transición”.


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