Una guerra sin concierto bajo el techo del mundo
viernes 20 de noviembre de 2009, 19:56h
La trayectoria imperial de Estados Unidos encontró en la guerra de España en Cuba (1898) un punto de apoyo inicial. Tras un paréntesis de “aislacionismo” tenaz entre 1919-1941, la República federal no tuvo prácticamente otra opción que la de aplicar a fondo sus recursos y poderío para conseguir la victoria de los Aliados y configurar el nuevo orden mundial que gobernaría el sistema internacional a partir de 1944-45 y hasta 1989-90, desde los estertores de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín y el desplome del imperio soviético. Todo este proceso histórico es conocido hasta la saciedad. Durante su transcurso, Estados Unidos se vio involucrado en los conflictos armados del Líbano, en las guerras de Corea, Vietnam, e Iraq. Y desde el arranque del siglo XXI, se ha visto involucrado de hoz y coz en el laberinto afgano.
Aunque haya sido a base de grandes pinceladas, ahí, delante de nosotros, tenemos recuperadas las secuencias principales de la política exterior de la República imperial en el Oriente musulmán en poco más de una centuria.
Como se ha podido leer en entregas anteriores a El Imparcial, el fantasma de los enanos que terminan por maniatar a Gulliver nos devuelve cada mes, semana o jornada que transcurre al registro imaginológico del conflicto que sufre Afganistán -y la frontera afgopaq- durante más de tres decenios. Porque se trata -eso creemos- de un conflicto entre civilizaciones europeo-americanas (la anglo-rusa, soviética después, y estadounidense al final) versus el conglomerado étnico-antropológico y religioso que llamamos Afganistán. Debido a la diversidad de los contrarios en pugna, es por lo que resulta doblemente complicado entender y resolver el conflicto de marras.
USA, la nación imperial por excelencia, se debate por el momento entre la propuesta de un auténtico prefecto americano, como el general McChriystal, con el respaldo del Pentágono a cuestas, y la del embajador de Barack Obama en Kabul, el teniente general Kart W. Eikenberry. Éste, a lo que parece, es hombre de confianza del Presidente; y sus tesis se aproximan más a las que sostienen el ecléctico secretario de Defensa y otros miembros cautelosos del gabinete presidencial restringido que se reune de oficio en el Situation Room de la Casa Blanca. Mientras que Richard C. Holbrook, representante oficial de los asuntos del bloque territorial integrado por Afganistán-Paquistán, no deja de informar a los aliados de Obama sobre la trayectoria diplomático-consultiva en que está inmerso, hoy por hoy, un dossier de apremio para los americanos como lo es el del presunto Gran Oriente Medio. Se está alcanzando, pues, la tensión máxima en los medios gubernamentales con vistas a llevar a buen fin lo que Obama prometió que sería one right war.
¿Podrá ser la de Afganistán one right war, si se tiene en cuenta el teatro de operaciones principal, cual es la frontera afgopaq que se extiende desde la ciudad de Peshawar hasta la meseta de Beluchistán?. ¿Se debe seguir manteniendo que se trata de one right war, cuando una de las partes del conflicto interno (a la sazón, la que apoya a Hamid Karzai) dista de estar legitimada en buena y debida forma, por mucho que ahora se hable de la relevancia menor que ha supuesto la honesta -al tiempo que hábil- retirada de Abdullah Abdullah de la tramposa carrera electoral que se inició el 20 de agosto próximo pasado en la urnas de todo Afganistán? ¿Es one right war la que, como ocurre en Afganistán, viene desconcertando con reiteración al partido pro-americano de la población civil, ahora bajo la luz de los focos que exponen abiertamente los errores (mortales) que cometen las tropas aliadas en diferentes escenarios bélicos del país, facilitando así la acción por sorpresa de los talibanes rebeldes?. A propósito, ¿es que hay talibanes sumisos, y si no, colaboradores/colaboracionistas de la causa occidental puesta en juego en Afganistán?. Sólo bastarían unas cuantas cuestiones más de esta suerte para poner en solfa parte del argumentario que se ha ido construyendo en los aparatos de comunicación occidentales con vistas a reiniciar la guerra en Afganistán; cuando ya, por su propio peso, la guerra entre “legales”, insurgentes y tropas forasteras, sus batallas (¿es que las hay?), sus refriegas sorpresivas y golpes de mano imprevisibles, caerían bajo un rotativo que podría llevar por título “De una guerra sin concierto”.
No es la primera vez, en el capítulo contemporáneo de las intervenciones de Estados Unidos en su plataforma imperial, que surge repentinamente para el epicentro del imperio la amenaza de un revés militar, y moral, que podría terminar por debilitar la causa de los Aliados. Atención, pues, al asunto de marras, en el que todos los participantes se están jugando mucho.
El conflicto entre civilizaciones vuelve a asomar de nuevo la punta de la cresta en lo que va de siglo, en dos territorios cubiertos por el techo del mundo (Himalaya).
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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