Muchos no conocerán ahora mismo quién es Brandon Jennings, pero es seguro que dentro de muy poco será uno de los nombres más conocidos en la NBA. Quizás no se le recuerde por su calidad –que la tiene- pero lo que sí es seguro es que ha sentado un precedente que puede hacer cambiar a la propia NBA. Aquí les presentamos la historia de por qué este “rookie” está en boca de todos los especialistas en baloncesto americano.
Brandon Jennings nació un 23 de septiembre de 1989 en Compton (California). Actualmente, milita en las filas de los
Milwaukee Bucks de la NBA en el puesto de base tras ser elegido en la posición décima del pasado draft. En la clasificación que elabora la NBA de los mejores novatos, Jennings
ocupa esta semana el primer puesto con las siguientes estadísticas: 25.5 puntos de anotación media, 4.8 rebotes y 5.5 asistencias por partido.
Esta semana, en el encuentro que disputaron Milwaukee Bucks y Golden State Warriors, el base californiano
superó a una leyenda como Kareem Abdul-Jabbar con una marca de 55 puntos –frente a los 51 del mito- en el récord de anotación en un partido logrado por un jugador de primer año. Otros jugadores que rondan esa estadística son Wilt Chamberlain (quien lidera el récord con 58 puntos), Rick Barry (57), Earl Monroe (56) o Elgin Baylor (55).
Pero por lo que se recordará a Jennings será por
su manera de llegar a la mejor liga de baloncesto del mundo. La NBA tiene unas normas muy rígidas a la hora de aceptar a jugadores jóvenes en sus equipos. La
edad mínima está fijada en los 19 años y si un jugador americano desea entrar en el draft, sorteo en el que todas las franquicias van eligiendo jugadores en orden, el camino previo le lleva desde el instituto (High School) a la Universidad.
De hecho, a través de ojeadores, las universidades ofrecen becas a los jugadores para que las elijan a ellas, sabedoras de que los mejores sólo estarán el tiempo mínimo necesario hasta acceder al draft con 19 años. La excepcionalidad del caso Jennings radica en que él
es el primer jugador americano que llega a la NBA a través del draft sin haber pasado por Universidad alguna.
Sabedor de su calidad como jugador –
tuvo un enfrentamiento verbal con Ricky Rubio en el que se declaró el mejor- y de que su nivel académico ponía trabas a su ingreso en la Universidad de Arizona,
decidió que la mejor solución sería jugar en Europa ese año que le faltaba para llegar a la NBA. Pese a que la idea de jugar en Europa suene romántica para algunos, estaba fundamentada también en el principio básico de todo negocio: el dinero.

Los jugadores universitarios tienen
prohibido cobrar dinero alguno, ya sea por parte del equipo o por parte de algún patrocinador. Además, en los primeros años que jueguen en la NBA los sueldos ya están estipulados y son fijos, aparte de relativamente bajos. Jugando en Europa, Jennings no sólo se salta esa norma sino que
accede a un sueldo millonario dada su condición de estrella. En el plano deportivo, supone el reto de sumergirse en un baloncesto diferente al que se juega en la NCAA (liga universitaria) y aprender los conceptos del baloncesto europeo, alejado del “juego para la estrella” que se practica en Estados Unidos. El equipo elegido para dar el salto fue la
Virtus de Roma, equipo de la “Lega” italiana y participante de la Euroliga.
En su periplo italiano no destacó especialmente como estrella. Jugó 27 partidos de liga, en los que promedió 5,5 puntos y 2,3 asistencias, además de 2,1 robos de balón, único aspecto en el cual apareció en los rankings de la liga entre los 20 mejores. Su mejor registro anotador lo consiguió en la Euroliga, en un partido ante el Unicaja de Málaga, en el que anotó 17 puntos.
A pesar de no conseguir unos números espectaculares,
su año en Europa le sirvió para mejorar posiciones en el draft -salió elegido décimo-, ganar un sueldo millonario y acceder a contratos publicitarios.
Con esta carta de presentación, el pionero Brandon Jennings parece tener un sucesor que se propone un reto mayor. El pívot
Jeremy Tyler, de 17 años, se plantea no cursar su último año de instituto para dar el salto europeo cuanto antes. Estos dos casos californianos parecen tener de fondo un denominador común:
Sonny Vaccaro, “gurú” del baloncesto amateur americano.