Los católicos en la vida pública
lunes 23 de noviembre de 2009, 16:49h
Este domingo finalizó en Madrid el XI Congreso Católico y Vida Pública, que organiza el CEU y la Asociación Católica de Propagandistas. Este año el título ha sido muy sugerente “La política, al servicio del bien común”. Sugerente y oportuno por que la situación de la clase política en nuestro país no anda por muy buen camino y no está, en muchos casos, al “servicio del bien común”.
Los participantes en el Congreso han sido muchos e importantes. Han intervenido desde Marcelino Oreja hasta el ex Presidente portugués Antonio Ramalho Eanes, pasando por figuras como Francesco D’Agostinio, Presidente del Comité Nacional de Bioética de Italia, Giovanni María Vian, director de L’Obsservatore Romano.
Ahora, más que nunca son necesarios encuentros como “Católicos y Vida Pública”. Cuando algunos pretenden que muchos vivamos en una sociedad totalmente secularizada, es cuando los católicos estamos llamados a una presencia viva y sin miedos. Necesitamos un marco de encuentro y reflexión para “todos” los que estamos interesados en que el Evangelio ilumine “todos” los aspectos de la vida, tanto en su dimensión personal como social.
Y digo “todos”. Esta importante reunión no es un encuentro donde sólo están representadas algunas sensibilidades. No es endogámico. En él todos los cristianos son protagonistas. Si repasamos los intervinientes en todas las ediciones del Congreso, vemos que ha habido y hay personalidades del mundo económico, político, social y de los medios de comunicación, que son ejemplares en su actuación personal. Todos con la intención clara de “ilustrar y formar”.
El “no tengáis miedo”, de Juan Pablo Segundo, se hace cada día más actual y los católicos españoles tenemos que estar presentes en la vida pública, pese a quien pese, y “a pesar de las zancadillas”. Sin miedo, como en su día hicieron los maestros Robert Schumann y Alcide De Gasperí, creadores de la nueva Europa, y del mártir Aldo Moro, bárbaramente asesinado el 9 de mayo 1978 por las brigadas rojas italianas. Ellos fueron ejemplo para seguir adelante en “esta sociedad agnóstica que no se ha hecho libre.
El Cardenal Cordes, Presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”, nos decía el pasado martes, durante el acto de presentación del Congreso, “que había sentido envidia como alemán, al ver la grandiosa manifestación en contra del aborto, que tuvo lugar en Madrid en el mes de octubre. En mi país una hecho así sería impensable”. Esto nos invita a pensar que todavía somos capaces de reaccionar, ante las amenazas del laicismo. Ahí debemos estar los católicos. Todos, sin exclusiones, como repito se hace en esta reunión anual. Solo faltaba ya que algunos quisieran presentar este Congreso como excluyente para algunos. La palabra “crisis” se ha impuesto en el lenguaje común. Todos estamos en “crisis”, o por lo menos así nos lo quieren hacer ver aquellos que quieren que reine el desconcierto moral. Conviene, por que no decirlo. Les conviene ese desconcierto y que los católicos nos creamos que estamos fuera de juego. Pero esos que desean ese desconcierto, están ya comprobando que hay un cambio de actitud entre los católicos. Estamos ahí. Estamos presentes en la sociedad y nos tenemos que hacer notar, repito, sin miedo, porque los obstáculos que debemos sortear son complejos.
Por eso, insisto, son cada vez más necesarios estos Congresos que deben examinar, a la luz del Evangelio, los grandes retos de la sociedad actual, o lo que es lo mismo, constituir un lugar de encuentro de los cristianos que sientan la necesidad de revitalizar su presencia en todos los ámbitos de la sociedad y como no, estimular a nuestros jóvenes para despertar en ellos la vocación hacía la “res pública”.Creo que cuantas mayores dificultades hay en la vida, los católicos debemos encontrar mayores esperanzas. No debemos dejarnos vencer por aquellos que se creen más fuertes, porque dominan sectores influyentes de una sociedad que está dormida.