Mi padre
jueves 28 de febrero de 2008, 20:33h
Mi padre es para mí como un oso, grande y protector. Los abrazos de mi padre son abrazos de oso. De niña, me sentaba en sus rodillas y me cuidaba como si fuese de porcelana. Cuando fui creciendo, si iba con él por la calle y nos encontrábamos con algún conocido suyo, siempre decía: ¿has visto que hija más fea tengo? No sé cual de los dos iba más orgulloso.
Mi padre nunca habla hasta después de desayunar. Hace años, cuando madrugaba para ir a trabajar y me llevaba a clase, me despertaba encendiendo y apagando la luz de mi habitación. -Todavía no había desayunado-. El viaje a Madrid era silencioso y tranquilo. Sus primeras palabras del día eran: "Dos cafés con leche y unas porras para la niña"... Él sabe que no me gustan las porras. El camarero de la granja Riofrío, después de un simpático cruce de miradas, nos traía churros a los dos.
Recuerdo el gran abrazo de oso que mi padre me dio el día de mi boda antes de ir a la iglesia. Se nos escapó alguna que otra lágrima en ese abrazo.
Cuenta mi madre, que un siete de abril, día de su cumpleaños, mi padre contento y animado, lo celebró muy especialmente: a los nueve meses, siete de enero, nací yo. Dicen que no hay quinto malo y soy la quinta, luego vendrían más y mejores. Hoy mi padre tiene casi muchos años y los lleva a todos muy ordenados y en su sitio pues por algo es ingeniero. Y mi madre está siempre a su lado y le lleva hecho un Don Juan. Ahora, a veces me consulta algunas cosas y yo le sigo preguntando dónde toco si no se enciende la caldera o si es el momento de que pode mis hortensias. Llevo a mi padre dentro, muy dentro.
Mi padre... No sé como lo hace pero a su lado me sigo sintiendo muy pequeña.
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Restauradora
REYES DE GREGORIO es autora de dos libros de poesía y restauradora de pintura
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