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Manuel Piedrahita recuerda la proclama antifascista de Anson frente a los estudiantes

miércoles 25 de noviembre de 2009, 16:30h
Reproducimos a continuación por su interés un artículo de Manuel Piedrahita.
Manuel Piedrahita.Mi lectura veraniega ha sido Vida y tiempo de Manuel Azaña, de Santos Juliá. Leí hace unos meses una excelente critica de Luis María Anson, al que conocí en la Escuela de Periodismo madrileña. No olvido, en tiempos de la dictadura, su proclama ante estudiantes pardillos procedentes de provincias como yo: "Hay que acabar con el yugo y las flechas en la entrada de todos los pueblos de España". Por entonces, la idea que teníamos de Azaña era la de un político "enemigo rencoroso de la Iglesia", cuya actuación funesta resultó "demoledora para España". Pero la impresión que tengo al finalizar el libro es de emoción y tristeza. ¡Qué derroche de este país! Echó por la borda , en ambos bandos, a tantas personas que anhelaban una España libre y democrática. Azaña, que vivió en Francia durante su juventud, intuía una república ideal similar a la francesa. Santos Juliá refleja con objetividad y claridad la desilusión de Azaña en plena Guerra Civil, "cuando pudo comprobar que la crueldad y la venganza dominaban también en su propio campo". La revolución que él soñaba no era la que imperaba. "Lo que muchos llamaban revolución no era para él sino abundancia de desorden". Ya en 1937 se dio cuenta que contra el ejército rebelde, al que culpa de todo lo ocurrido, no se podía ganar la guerra. Su clarividencia fue tachada de cobardía por Negrín. Todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo", decía Azaña frente al dogma islámico que tachaba de enemigo al adversario. Memoria histórica y no memoria ideológica.
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