LAS FARC Y LOS DERECHOS HUMANOS
jueves 28 de febrero de 2008, 22:25h
Las imágenes de los últimos rehenes liberados por las FARC retratan a cuatro personas demacradas en cuerpo y espíritu, sabedoras de los años que se les han ido y de lo mucho que el sufrimiento infligido les ha marcado para siempre. Por ellos hemos sabido del delicado estado de salud de algunos de los que aún siguen secuestrados en la selva. Más concretamente, el de Ingrid Betancourt, por cuya situación se ha interesado Sarkozy, dados los lazos familiares de la política colombiana con Francia. Cabe hacerse una pequeña reflexión de cómo el primer ministro galo ha sabido sobreponerse al ruido mediático que ocasiona su vida privada, concentrando sus esfuerzos en resolver problemas reales. Y quienes dicen que su popularidad ha caído en las encuestas, olvidan la segunda parte: que en esas mismas encuestas, lo que cae es la imagen del Sarkozy privado; no así la del Sarkozy político, cuyas medidas parece que son aceptadas por los franceses.
Pero volviendo al tema de los rehenes, es indignante oír los testimonios de los que logran regresar, y cuentan los horrores de su cautiverio. No podemos olvidar quiénes son las FARC. Hablamos de la guerrilla más antigua de todo el continente americano. Y, hoy en día, la existencia de una guerrilla se antoja como una anécdota anacrónica y caduca. Hablamos de un grupo de criminales que han dejado de lado el secuestro como principal fuente de financiación para concentrar sus energías en el lucrativo negocio del narcotráfico. Eso sí, a los que ya habían secuestrado los tiene pudriéndose en la selva, a la intemperie, incomunicados y sin esperanza. Cada relato que hacen los que han vuelto de allí estremece más.
Por eso, el Gobierno de Colombia merece todo el apoyo que se le pueda brindar a la hora de acabar con semejante lacra. No está solo. La comunidad colombiana que vive fuera de su país ha comenzado a movilizarse, para que en todo el mundo se tome conciencia del auténtico drama humano que se vive allí. Porque las imágenes de horror e injusticia que algunos están padeciendo han impactado de manera decisiva en la conciencia social. Pero sí es cierto que podía estar más acompañado. Y es que el halo romántico que rodea todo el entorno de la palabra "guerrilla" parece que sigue embelesando a una izquierda que bien debiera abandonar semejante rémora. Las FARC dicen ser marxistas. Venden su imagen de revolucionarios por el pueblo, y presumen de sus logros sociales. Si su totalitarismo procediera de la derecha, a nadie escapa que las calles estarían llenas de manifestantes indignados. Pero no es el caso aunque debiera serlo. Encadenar a un ser humano a un árbol durante años, privándole de todo contacto humano y las mínimas condiciones de salubridad es una monstruosidad. Y alguien que comete una monstruosidad de tal naturaleza está deslegitimado como persona. Tenga la orientación política que tenga.
ALGO SE MUEVE EN EL MAGREB
La últimas informaciones provenientes de la zona del Magreb no traen buenos augurios. La falta de cultura democrática y de transparencia de los líderes políticos de Marruecos y Argelia está siendo caldo de cultivo perfecto -siguiendo el modelo de muchos países musulmanes- para el fortalecimiento de las opciones más radicales del islamismo. Por ejemplo, la obstinación por parte de las autoridades marroquíes de mantener un velo de secretismo alrededor de la estancia de cinco días que pasó de incógnito Mohamed VI en París, no hace sino acrecentar la sensación de que algo se mueve en el interior del país alahuí. Y es que, la supuesta operación a la que se habría sometido en la capital gala, -noticia publicada en exclusiva por este periódico y desmentida de forma confusa por fuentes oficiales marroquíes- ha coincidido con la intención del número dos del régimen, Fuad Ali el Hima, de crear un nuevo partido, el "Movimiento de los Demócratas". El objetivo de esta formación sería, a medio plazo, seguir el ejemplo de otros países árabes regidos por un partido único. En este sentido, resulta preocupante la detención del diputado del partido islamista moderado PJD Mustapha al-Moetassimel, por almacenar material para la realización de atentados de corte yihadista.
Pero Marruecos no es el único país del Magreb que se debate en la dicotomía que enfrenta como dos únicas opciones la corrupción y la falta de espíritu democrático de la clase política tradicional con el radicalismo religioso. Así, la república de Argelia -sustentada en un sistema de carácter político militar- se enfrenta cada día a insurrecciones de corte islamista alimentadas por combatientes yihadistas. A esto hay que sumarle la política de las autoridades argelinas de dificultar la coexistencia entre comunidades y órdenes religiosas, que no hace otra cosa que acrecentar de forma peligrosa la agitación social. Los líderes magrebíes han de tomar conciencia de que están agitando una bomba de relojería que puede acabar estallándoles en la cara. A ellos y al resto del mundo, sobre todo de nuestro mundo.
SANCIONES Y MERCADO FRENTE A MICROSOFT
La Comisión Europea ha impuesto a Microsoft una nueva multa, pues entiende que la compañía de Redmond, si bien cumplió con su exigencia de compartir con sus competidores el código de sus productos para que puedan progresar copiándolo, lo hizo imponiéndoles un precio que considera "excesivo". El objetivo de Bruselas es fomentar la competencia, forzando a que el competidor preferido del mercado comparta con los demás su fórmula de éxito. Está preocupada por el poder que su "dominio" en el mercado puede conferirle, y quiere reducirlo a base de regulaciones y multas.
Es innegable lo encomiable de su esfuerzo, pero cabe preguntarse si su actuación es necesariamente positiva o siquiera conveniente. Parte de identificar la competencia con un número importante de oferentes, algo que ya se da en ese mercado, y en la semejanza en el tamaño de éstos, condición que claramente no se da. Pero hay otra forma de entender la competencia, como explicó el profesor Hayek en su seminal "Dos tipos de competencia". La identifica el economista con la rivalidad en un proceso abierto y sin límites, sin intervención de los poderes públicos. Mientras que según la primera concepción la competencia tiene que estar asegurada por la intervención de los reguladores, la segunda la define como la ausencia de éstos y la sola base de la libertad y del Estado de Derecho.
Es, de hecho, ese proceso de rivalidad y de búsqueda permanente de nuevos caminos con que llegar al consumidor lo que hizo que Microsoft sea hoy la primera empresa del mundo y no un interesante proyecto en un garaje. El mercado lo componen, al fin, millones de consumidores sin mayor interés que servirse lo más cumplidamente posible al menor coste. Y nada asegura el predominio de Microsoft si no sirve de forma constante esos deseos, con centenares de empresas deseando ocupar su lugar. Acaso, sin hacer menoscabo de las buenas intenciones de la Comisión Europea, debiera plantearse si erigirse en árbitro del mercado y en juez y parte de sus sanciones es la vía más adecuada. Quizás debería replantearse honestamente cuáles deben ser los límites de su actuación.