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Zapatero, Rajoy y Mohamed VI

Enrique Montánchez
jueves 28 de febrero de 2008, 22:53h
Que la estabilidad interna de Marruecos es beneficiosa para España, es una de las pocas cuestiones en la que están de acuerdo Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. El deterioro social de nuestro vecino del sur debe preocuparnos. La exclusiva publicada por EL IMPARCIAL que da cuenta de la intranquilidad generada entre los ciudadanos marroquíes por el secreto con que las autoridades de Rabat han tratado de mantener la estancia del Rey Mohamed VI en París, nada menos que un mes, para someterse a una intervención quirúrgica, no debe sernos ajena ni interpretarse como injerencia periodística en los asuntos internos del Reino alauí.

Todo lo contrario. Tengan por seguro los dirigentes marroquíes que, más allá de lo que nos enfrenta -Ceuta, Melilla y la antigua colonia del Sahara Occidental-, Rajoy y Zapatero apuestan por un Marruecos moderno, democrático y estable. Y no sólo España. Europa necesita un Magreb, del que Marruecos y Argelia son sus pilares, próspero y estable.

Generar confianza es imprescindible para que el diálogo entre Madrid y Rabat se convierta en una cooperación duradera y leal. Pero no a costa de cercenar la libertad de expresión que consagra el Estado de Derecho, a la hora de informar sobre la política interna de Marruecos al igual que se informa sobre la política interna francesa, británica o alemana.

Marruecos atraviesa una situación delicada. La ciudadanía cree que las reformas democráticas prometidas por el joven Monarca a la muerte de su padre se han estancado por los intereses de los grupos de presión que rodean a Mohamed VI, temerosos de perder privilegios que se remontan a la independencia del país. El islamismo más radical crece y se nutre del descontento popular. Y lo que comienza a ser preocupante para los servicios de Inteligencia norteamericanos, franceses y españoles: la presencia creciente de islamistas en las Fuerzas Armadas Reales.


El futuro de Marruecos pasa por que el propio Monarca no tenga reparos en solicitar la ayuda de España -no sólo de Francia- para superar la crisis de las instituciones. Es el Rey, apoyado por todas las fuerzas políticas que creen en un Estado democrático, quien ha de arrinconar al "majzen", el entramado que dirige el país desde la sombra y ha terminado por convertirse en un lastre para su reinado. Sólo así puede conjurar un continuo debilitamiento del sistema que favorece las opciones más extremistas. Destierre prejuicios y convénzase Mohamed VI de que también Mariano Rajoy, si gana las elecciones el 9-M, se volcará en procurar la estabilidad de Marruecos. Entienda el Monarca que, por encima de sus reivindicaciones territoriales, debe caminar con paso rápido y firme hacia la democracia.

Enrique Montánchez

Periodista

ENRIQUE MONTÁNCHEZ Subdirector de EL IMPARCIAL

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