www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

crítica

Mona Ozouf: Composition française. Retour sur une enfance bretonne

viernes 27 de noviembre de 2009, 14:12h
Mona Ozouf: Composition française. Retour sur une enfance bretonne. Gallimard. París, 2009. 262 páginas. 17,50 €
Entre los historiadores franceses, Mona Ozouf, nacida en 1931, ocupa un lugar preeminente. A lo largo de su carrera ha publicado numerosos libros y trabajos. Entre las variadas cuestiones abordadas, tres sobresalen: la escuela, la novela y la Revolución francesa. La escuela centraba ya una de sus primeras obras, titulada L’École, l’Église et la République,1871-1914 (1962), y, asimismo, el volumen que escribió años después con su marido Jacques Ozouf, La République des instituteurs (1992). A la novela ha dedicado, en cambio, algunos de sus libros más recientes: La muse démocratique. Henry James ou le pouvoir du roman (1998) y Les aveux du roman (2001). La Revolución francesa constituye, finalmente, el episodio más visitado por esta autora: desde la clásica y apasionante La fête révolutionnaire, 1789-1799 (1976) hasta el más reciente Varennes. La mort de la royauté (2005), pasando por L’homme régénéré. Essais sur la Révolution française (1989). A estos deben añadirse los volúmenes que coordinó con François Furet, en especial el importante Dictionnaire critique de la Révolution française, publicado en 1988. Los libros de Mona Ozouf no han sido demasiado traducidos y leídos en España. Las razones son seguramente múltiples. Algo tienen que ver con ello las invectivas que contra esta historiadora –y, en general, contra Furet y sus seguidores– lanzó en la década de los ochenta y principios de los noventa uno de los grandes maestros inquisidores de la historiografía española. En cualquier caso, Ozouf merecería ser mucho más conocida en nuestro país, tanto por la originalidad de los objetos abordados en sus trabajos, como por el tratamiento historiográfico y la calidad literaria de su obra.

Composition française. Retour sur une enfance bretonne, el último libro de Mona Ozouf que acaba de ver la luz, no es exactamente un libro de historia, sino una obra de exquisita prosa, que combina el relato autobiográfico y el ensayo, escrita por una historiadora. Mientras que los seis primeros capítulos corresponden a la primera fórmula, el séptimo y último, que es a la vez el más extenso, tiene carácter ensayístico. Se abre el volumen con unas reflexiones sobre las relaciones entre las dos Francias –la una e indivisible, por un lado y, de otro, la de la asumida diversidad–, en conflicto tanto en el pasado como en el presente, simbolizadas respectivamente por Julien Benda y por Albert Thibaudet. La cuestión está presente, implícita o explícitamente, en todas y cada una de las páginas que siguen. En ningún otro lugar de Francia estas tensiones han resultado tan evidentes como en Bretaña, la tierra en la que Ozouf nació y pasó su infancia.

Como en el clásico cuento de la Bella Durmiente, la autora utiliza la preciosa imagen de las hadas madrinas. Se trata, en este caso, del Hogar, la Escuela y la Iglesia, tres hadas que no se soportaban y que fueron a depositar sus respectivas creencias –la fe bretona, la fe republicana y la fe cristiana– junto a la cuna de la niña del matrimonio Sohier. A la fuerte tensión entre las dos primeras se añade, en esa infancia bretona, la presencia inquietante de la religión. Mona Ozouf dialoga permanentemente, en esta obra, con Mona Sohier. El hogar está presidido por la figura de la abuela, Marie-Scholastique, a la que se dedica un cautivador retrato. Todo en ella evocaba la identidad bretona, desde la vestimenta y la cofia hasta el saber popular y la lengua, a pesar de que le hablara a su nieta en francés, con ese convencimiento tan propio de la Francia rural de la Tercera República de que era adecuado como vía de promoción social. La fuerte presencia de la abuela compartía sitio con una ausencia, que se hacía sobremanera presente: la del padre muerto cuando la niña acababa de cumplir cuatro años. Jean Sohier, convertido al calor de su patriotismo en Yann Sohier, era maestro de escuela, pacifista, nacionalista bretón y de izquierdas: “Yann ar skolaer”, como indicaba uno de sus seudónimos. La madre, Anne, también maestra, profundamente herida y apagada por el fallecimiento del esposo, constituye el puente entre el hogar y el mundo exterior.

Como consecuencia de la profesión materna, Mona Sohier vivió siempre vinculada a la escuela. El mundo bretón del hogar contrastaba con el de ésta. La escuela republicana no se preocupaba ni por las singularidades, ni por el bretón, ni por las convicciones religiosas. “Sobre todo aquello que me muestra el hogar, la escuela no dice palabra”, escribe la autora. Dos mundos, dos historias a fin de cuentas. La iglesia, finalmente, entra en la vida de la niña por iniciativa de la abuela, que a los cinco años le enseña a rezar y, más adelante, le acompaña a la catequesis en la iglesia de Plouha. La igualdad escolar se contrapone a sus ojos a la “inigualdad” eclesiástica. La no querencia entre las hadas no podía escapársele, en el día a día, a nadie. En estos mundos enfrentados tiene lugar la infancia bretona de la protagonista. El itinerario posterior –el traslado a la ciudad, la guerra, París y el compromiso comunista, que actúa como flamante familia y permite sentirse nuevamente parte de un “nosotros”– muestra el triunfo de la fe de la escuela y de la ideología francesa por encima de la pertenencia bretona. No resulta sorprendente, así pues, que los primeros temas a los que Mona Ozouf dedicó su atención como historiadora fueran la escuela republicana y la Revolución francesa.

El extenso capítulo que cierra el volumen, en el que se nos ofrece una reflexión apasionada y apasionante sobre el universalismo y el particularismo, da título al libro. La autora hace uso aquí del doble sentido de “composición francesa”, esto es, el ejercicio escolar que recibía este nombre y, asimismo, la idea de ente compuesto. Los niños y las niñas a los que se les pedía la composición eran los mismos a los que, al mismo tiempo, se les inducía a creer que, en el caso de la nación francesa, la otra composición había sido realizada con éxito. El triunfo jacobino en la Revolución francesa impuso la Francia una e indivisible. Y la Tercera República contribuyó a consolidarla. Pero no era esta la única vía posible, ni la única auténticamente republicana. No puede confundirse el republicanismo con sus formas autoritarias, en especial la jacobina. Los integrismos republicanos de hoy, radicalmente enfrentados al comunitarismo, tampoco complacen a la autora. El republicanismo liberal y la reflexión sobre los particularismos –Thibaudet abandona el ostracismo– merecen ser tenidos muy en cuenta, apunta Mona Ozouf en las páginas finales. Composition française. Retour sur une enfance bretonne es, en definitiva, un libro extraordinario, rebosante de sentimiento e inteligencia. Les recomiendo, con convencimiento y entusiasmo, su lectura.

Por Jordi Canal
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios