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Jornada electoral en América Latina

lunes 30 de noviembre de 2009, 09:58h
Dos citas electorales coincidieron ayer en América Latina ante la mirada vigilante de la comunidad internacional que observaba como dos procesos situados en contextos completamente distintos se cruzaban para dar una clase magistral de civismo y democracia. Por un lado, los uruguayos elegirían en una segunda vuelta al responsable de gobernar el país en los próximos cinco años; en el otro, los Hondureños decidirían en las urnas lo que las instituciones del Estado, la OEA o la ONU no han sido capaz de lograr en cinco meses: una salida a la crisis política desencadenada tras el conflicto de poderes y el desalojo del poder del señor Zelaya el pasado 28 de junio.

Sendos procesos cumplieron a cabalidad los pronósticos de las encuestas. El ex guerrillero tupamaro, José Mujica se hizo con el poder sin problemas con un holgado 53,2% de los votos, otorgándole a al izquierdista Frente Amplio otro quinquenio más. Una proyección que circulaba horas antes en la calle, a pié de urna, mucho antes de que la Corte Electoral diera los resultados, dejando sin oxigeno cualquier esperanza presidencial del candidato del tradicional Partido Nacional, el ex mandatario Luis Alberto Lacalle. Y es que en estos comicios la única amenaza latente fueron los nubarrones y chaparrones que cayeron en el interior del país. Los mismos que causaron las inundaciones de la semana pasada.

Sin embargo la gran sorpresa del día de ayer fue el civismo y la convocatoria masiva que tuvieron los comicios en Honduras, los cuales, contra todo pronóstico, fueron un claro ejemplo de que muchos latinoamericanos aún ven en la democracia la solución a los problemas del país, y más en un contexto como el que presentaba esta convulsionada nación centroamericana.

Con un contundente 56% el ex presidente del Congreso y líder opositor Porfirio Lobo se hizo con la presidencia del país, pese a que el mismo carece del aval internacional. La victoria de Lobo y la multitudinaria asistencia en los colegios electorales, rompieron con los malos augurios sobre este proceso, demostrando que, para los hondureños, Manuel Zelaya y Roberto Micheletti, ya son cosa del pasado, aún cuando algunos como el propio Zelaya, atrincherado en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, se empeñen en hacernos creer lo contrario.

No cabe duda que Honduras quiere pasar página a cinco meses de caos político y lo hizo de la forma más ejemplar e impecable posible, por lo que los 22 países iberoamericanos reunidos este domingo en Estoril (Portugal) deberán tomar nota y contemplar la posibilidad de reconocer la voluntad del pueblo hondureño, que ayer decidió su destino.

Por su parte, Uruguay se enfrenta a los retos de estrenar un nuevo presidente que plantea más dudas que respuestas, a causa de un pasado y un discurso que lo sitúan en el ala más dura de la izquierda, otrora violenta y anti-democrática. Mujica deberá demostrar con hechos y no con palabras, que quiere seguir los pasos del presidente brasileño Lula da Silva, como recientemente sugirió en unas declaraciones a la prensa, y que no se convertirá en el cuarto elemento de una franquicia neo-populista y autoritaria que ha llevado a varios países de la región al borde del desastre económico y de la autocracia política.
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