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Academias militares

martes 01 de diciembre de 2009, 19:29h
Si en algo están de acuerdo encuestas y opinión pública sobre nuestras Fuerzas Armadas, es que la selección y formación de Oficiales y Suboficiales en las Academias Militares es adecuada, flexible y de alto rendimiento.

Al tratarse de una carrera vocacional, esta formación incluye no sólo aspectos técnicos –que en algunas ramas y especialidades alcanzan niveles de alta exigencia y calificación- sino los componentes éticos y morales que exige la profesión de las armas.

El Estado, deposita su legal fuerza coercitiva en manos de unas personas que deben saber algo más que el simple manejo de los sistemas y de las armas.

Hasta aquí, estamos -creo- todos de acuerdo.

Pero entraron en la sede del Ministerio aires de cambio, esta enfermiza y reiterada obsesión por intentar hacernos a imagen y semejanza del político de turno, por una lectura mal digerida de los acuerdos de Bolonia. Siempre aparecerá alguien que gana en el río revuelto de los cambios y busca formas de promoción en ámbitos que no son los puramente castrenses. Tampoco es nuevo el tema.

Porque somos muchos los mandos que nos hemos asomado a las enseñanzas universitarias, que respetamos y valoramos, especialmente en las fases de desarrollo de nuestra formación. Pero no, en la fase de selección de nuestros futuros cuadros de mando, como contempla la Ley de la Carrera Militar.

Me consuela saber que hasta el Congreso de los Diputados ha llegado esta inquietud de la mano de una “Proposición no de Ley” presentada por el Grupo Mixto a instancia de la Diputada Dª Rosa Diez. El tema es serio y urgente, porque su desarrollo está previsto para el próximo año 2010.

Tras un exhaustivo y bien armado preámbulo y analizados otros aspectos referidos a ascensos y escalas, llega a apelar la ponente cuando expone este tema, a la posible inconstitucionalidad de la Ley de la Carrera Militar, al entender conculcados los principios de igualdad, mérito y capacidad, consagrados en el articulo 103.3 de nuestra Carta Magna.

Su propuesta se apoya en un análisis del sistema actual, comparando sus experimentadas ventajas respecto al propuesto por la nueva Ley.

Hoy, el sistema de acceso a las Academias Militares se hace mediante examen de ingreso con pruebas selectivas y con carácter de oposición. El acceso es libre, incluye unas lógicas condiciones sobre el nivel de estudios y la edad y el examen incluye pruebas adecuadas al nivel y características de la enseñanza que se va a cursar. El sistema garantiza el acceso de los más capacitados, independientemente de la procedencia geográfica o educativa de los aspirantes.

La nueva Ley, en cambio, prevé el acceso según la nota ponderada válida para las enseñanzas universitarias de grado (hasta ahora conocida como prueba de Selectividad) para los oficiales y la media del bachillerato para los suboficiales. En ninguno de los dos niveles -señala acertadamente la ponente- se plantea una niveladora prueba de carácter específico para el acceso, salvo un reconocimiento médico, unas pruebas físicas y un test psicotécnico.

Determinarán, por tanto, el acceso a las Academias Militares las notas de 17 planes de estudios de otras tantas comunidades autónomas, con pruebas de selectividad o promedios de bachillerato con muy diferentes niveles de exigencia.

El informe PISA de 2006 (Programa de Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE) que examina el rendimiento de alumnos españoles en 15 áreas temáticas clave, recogía diferencias de hasta 44 puntos en las puntuaciones de diferentes centros de enseñanza universitaria recogidas en diez comunidades autónomas españolas que solicitaron su evaluación.

Es decir, el rasero es bien diferente.

Con el sistema propuesto, los niveles intelectuales de acceso serán diferentes. Algunos centros pueden incluso “preparar” el acceso a las Academias Militares, inflando notas, ofreciendo un trabajo, un oficio más o menos remunerado en la Administración Central del Estado.

Pero este acceso fácil, puede chocar con el duro régimen de vida en el centro militar y en consecuencia producir suspensos, repeticiones de curso o abandono de los estudios en los mismos niveles con que se fracasa en el primer curso de las carreras técnicas universitarias, que alcanzan entre el 40 y el 60 por ciento del alumnado.

En resumen: inflación y desequilibrios por los 17 costados del acceso, fracaso escolar, repetidores, posible contaminación “a la baja” del conjunto, costes sobrevenidos, peor producto humano y vocacional.

No sólo se conculcan principios constitucionales. Se conculca también el universal principio del sentido común.

Todos esperamos que Sus Señorías y los actuales responsables del Ministerio, sepan reorientar una Ley, cuyos desatinos no sólo afectan a las Fuerzas Armadas. Afectan a toda la Sociedad, a la que aquellas tienen que prestar con eficacia , su vocación de servicio.

Luis Alejandre

General de Ejército

Luis Alejandre es general.

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