ha recibido críticas desde diversos sectores de la sociedad estadounidense
Obama en Afganistán: ¿éxito o fracaso?
sábado 05 de diciembre de 2009, 03:02h
Corrían las 19 horas del pasado martes cuando Barack Obama, fiel a su estilo, subía corriendo las escaleras del Air Force One con destino a la academia militar de West Point donde una hora después, en horario de máxima audiencia, transmitió su nueva estrategia en Afganistán. Anunció el envío de 30.000 soldados adicionales, que tiene el propósito de “retomar la iniciativa” y después de 18 meses, “empezar a regresar a casa”. Durante su intervención, además de pedir ayuda a los aliados demostrándoles que “la guerra afecta a todos”, el dirigente estadounidense quiso zanjar ciertas críticas, como la comparación de este conflicto con el del Vietnam, a lo que respondió diciendo que “a diferencia de entonces, en este caso el pueblo norteamericano fue atacado previamente”. También, fue de destacar que olvidó a Madrid a la hora de mencionar los lugares atacados por Al Qaeda desde el 11-S y que tampoco comentó la cifra de los 918 militares estadounidenses que han perdido la vida a lo largo de este conflicto y los otros 5.600 que han resultado heridos.
“En Estados Unidos hay una división de opiniones sobre el nuevo plan en Afganistán”, reconoce Javier Rupérez, cónsul de España en Chicago, a EL IMPARCIAL, que argumenta que en el pueblo norteamericano hay un sentimiento generalizado de cansancio en lo que se refiere a las guerras y ello ha llevado al presidente a optar por una “vía intermedia” en su nuevo plan. Este cuestionamiento al mandatario pudo apreciarse el pasado miércoles en el Capitolio, cuando representantes tanto de derechas como de izquierdas dudaron de esta nueva estrategia en Afganistán, lo que demuestra que en lo que respecta a este tema el Premio Nobel de la Paz va ser vigilado de cerca y cualquier mal resultado va a ser un síntoma de fracaso de la administración de Obama.
Entre los más críticos destacó su rival electoral en las pasadas elecciones presidenciales, John McCain, que calificó de “incoherente” el nuevo plan por incluir a la vez una “escalada militar substancial y una temprana retirada”. También, algunos analistas le han reprochado que dijera públicamente la fecha prevista para la retirada, ya que creen que de esta forma se puede ayudar a los terroristas a “planificar un ataque” para el momento de la retirada. “Acabar en tres años es una simple meta, pero eso no quiere decir que tenga que cumplirse, se verá la evolución y, a partir de ahí, se actuará”, asegura William Ostick, agregado de prensa de la Embajada estadounidense en España, en declaraciones a este periódico.
En total, la OTAN tiene previsto llevar 7.000 soldados más a Afganistán pero por el momento los aliados recibieron la decisión del mandatario afroamericano con cautela. Antes de que Obama hablara en West Point, el primer ministro británico, Gordon Brown, anunció que su país va a enviar 500 efectivos más, lo que elevará las fuerzas británicas a 10.000 soldados. En su caso, Alemania, Francia e Italia, que actualmente tienen 4.500, 3.750 y 3150 soldados respectivamente, han avisado de que no van a tomar la decisión de enviar más tropas hasta el 28 la reunión de la OTAN en Londres, lo que en muchos analistas estadounidenses han calificado como una falta de respaldo del exterior al nuevo plan de Obama. Sin embargo, ya han dejado claro que no van a enviar más efectivos Australia, Nueva Zelanda y Portugal, que actualmente cuentan respectivamente con 1.500, 200 y 170 efectivos desplegados por la zona de conflicto.
En el caso de España, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero mostró todo su apoyo al nuevo ‘plan afgano’ de Barack Obama, pero no ha concretado ni anunciado el número de soldados que mandará. Hasta el momento la guerra afgana se ha cobrado la vida de casi un centenar de militares españoles. “EEUU y España están en un proceso de retomar una relación que está en el congelador, pero lo que Estados Unidos espera de España es más una ayuda humanitaria, que militar”, asegura José Ángel Abad, corresponsal de Antena 3 en Nueva York, en declaraciones a EL IMPARCIAL.
El conflicto en Afganistán empezó hace ocho años cuando el 11 de septiembre de 2001 Al Qaeda atentó duramente contra diversos puntos económicos y militares de Estados Unidos y asesinaron a más de 3.000 personas. Ante esta situación, los norteamericanos, liderados entonces por George Bush, decidieron tomar cartas en el asunto y el 7 de octubre del mismo año bombardearon Afganistán, en lo que se consideró la “Operación Libertad Duradera”, y el presidente Bush puso todo su empeño en encontrar a Osama Bin Laden, aunque finalmente no fue posible. Poco después, tras forzar la retirada del régimen talibán, a petición de la ONU, se formó una administración de transición presidida por Kazai que tenía como único fin la construcción de un Gobierno multiétnico de amplia base y la aprobación de una resolución para el país. En 2004, Karzai venció en las elecciones presidenciales y se proclamó el primer presidente de la democracia de Afganistán. Tres años después, la situación empezó a deteriorarse. Se sucedieron numerosos atentados y, por ello, en casi todos los programas electorales de los comicios presidenciales de EEUU en 2008 había una estrategia para resolver este conflicto. “Creo que lo que ha cambiado en Afganistán en los últimos años es que los talibanes ya no dominan y allí hay una misión importante, que es la de estabilizar el país y acabar con Al Qaeda”, reconoce Javier Rupérez, cónsul de España en Chicago. Asimismo, el diplomático español afirma que Afganistán “es un tema muy complicado porque está anclado en temas medievales y es muy difícil de gobernar”.
Estos ocho años de guerra en Afganistán han tenido un coste de 150.000 millones de dólares, lo que ha provocado el recelo de más de un ciudadano estadounidense que cree que es más conveniente usar ese dinero en otras cuestiones más importantes, como la reforma sanitaria. “Es un error valorar si el precio de la guerra es excesivamente alto, el cálculo que se debe hacer es si los objetivos son realistas de acuerdo al esfuerzo económico que se está haciendo”, afirma el corresponsal José Ángel Abad. Por su parte, desde la embajada de Estados Unidos, William Ostick cree “es un gasto enorme pero no hay otra opción ya que el riesgo es real”.