¿Le gusta ser entrevistado?Responder no forma parte de mi cotidianeidad. En el transcurso de esta entrevista se dará cuenta de que soy un malísimo entrevistado.
¿Y escribir? Es su segundo guiño a la literatura después de Onderou. Viaje por la superficie de lo profundo (Espejo de Tinta). En el fondo, la mayor parte del día lo que hacemos es escribir. Llegamos aquí a las 10 de la mañana, preparamos el programa, a las 11 y media tenemos reunión y hasta las 4 de la tarde nos dedicamos a escribir guiones, entradillas... Por supuesto, hay un gran equipo detrás de todo, evidentemente es absurdo pensar que yo pudiera hacerlo todo, pero sí, me gusta escribir porque es lo que hago la mayor parte del tiempo.
Un libro escrito por voces. Nos aprovechamos de esos ingenuos oyentes que creían que simplemente llamaban a la radio. En el fondo, es la muestra de que hacemos un programa para los oyentes, y ellos nos lo devuelven en forma de grandes perlas del lenguaje.
Dar voz al oyente da mucho juego, pero también tiene sus riesgos.Uno de los grandes valores de Internet es la interactividad. Eso lo tiene la radio desde que Marconi se fue a la isla aquella de Terranova. Un peligro es cuando, en algunos programas, el oyente es el que tiene el peso del contenido, es decir, tú llama y hazme el programa. Pero sí que es muy bueno tener una respuesta, plantear algo y que inmediatamente tengamos una respuesta. Le doy mérito, porque bastante tiene la gente con lo que tiene como para preocuparse de responder a los de la radio. Es un camino, pero nosotros intentamos dirigirlo, que no sea la gente la que haga el programa, nos pagan por hacerlo.
De una de las secciones con mayor participación nace el libro. La idea es nuestra, nos damos cuenta de que hay cosas muy divertidas, y nosotros mismos estábamos haciendo un archivo de
inculteces, de forma que el hacer el libro es casi un proceso natural. A mí me hace mucha gracia, espero que a la gente le parezca divertido.
¿Qué cara se le pone a uno cuando el gazapo es de cosecha propia y en directo?Tenemos mucho peligro porque aquí la gente está muy pendiente. En mi caso, es una tradición familiar, mi madre es la reina de cambiar las palabras, y con el sueco (Tom Kallene, colaborador y amigo)… uno no puede parar de reír en la radio o fuera de ella. El otro día, tuvo una pérdida leve de consciencia, se desmayó y el hombre me llamó para decirme que le había dado una hipotermia, cuando quería decir que le había dado una lipotimia.
¿La radio requiere mayor concentración que la televisión? Sí y no, aquí no se salva nadie.
¿En la radio se nota más el fallo? Sí, porque la palabra es lo que prima. En la televisión, la imagen acaba adueñándose de una gran parte del discurso. En radio no tenemos más que las palabras y cualquier cosa mal dicha rápidamente canta. Hay miles de personas dispuestas a subrayar ese error y hacértelo saber acto seguido. Tratamos de estar pendientes y debemos estar concentrados.
¿Las exigencias son mayores en la radio pública?Tenemos cuarenta y tantos millones de jefes. En una radio comercial tendrán una serie de compromisos de índole comercial con anunciantes o determinados jefes de sección o programas o ante unos accionistas, ya de una forma muy remota, pero nosotros estamos en manos de 40 millones de personas y el grado de responsabilidad aumenta. Desde el primer momento no se trabaja igual, es el esfuerzo de dar una información que responda a los principios de rigor, ecuanimidad y credibillidad. Las radios comerciales no responden a esto y deberían hacerlo.
¿Qué tiene Asuntos Propios de Toni Garrido?Es complicado que yo conteste a eso. Es un programa coral, constantemente hay distintas voces con contenidos creados por distintas personas. Son tres horas de programa con todo guionizado, cuidado, con sonidos, tratando de volver a esa radio de los años 60 que era una radio muy producida. Si hablamos de publicidad, nosotros, cuando termina el programa, acabamos haciendo en torno a 45-50 minutos más de contenido que nuestros rivales, simplemente porque debemos rellenar todos esos espacios que ellos dedican a la publicidad. 45 minutos es un programa entero. Yo imagino que alguien debe gobernar el barco, elegir y seleccionar, pero en ese sentido no creo ser ni muy tirano ni muy laxo. Entendiendo que la responsabilidad me compete a mí, trato de dirigirlo hacia el camino que es bueno para nosotros, para el oyente, al lugar donde todos vamos a aprender algo.
¿El humor como fin o como medio? Es una mezcla de todo, porque de otra manera sería difícil. Es cierto que el programa tiene un carácter personal, la radio en sí es un medio muy personal porque la voz que te conduce es la voz a la que tú le das la mano y en la que confías para que te lleve a donde quiera llevarte. El programa tiene un tono que es el tono con el que nos manejamos en nuestra vida, no perseguimos hacer reír, no somos cómicos, perseguimos mantener un tono donde la ironía nos sirve como una distancia ideal para que nada de lo que ocurra realmente nos haga creer ciegamente que estamos contando una verdad absoluta. Nos manejamos en la ironía, que nos permite mantener cierta distancia. A veces, la gente critica esa distancia, pero la comicidad y esa ironía actúan como bálsamo, es casi necesario.
¿Sabe ser oyente de su programa?, ¿es muy crítico con su trabajo?Soy muy crítico, pero es muy difícil escucharse a uno mismo, es un castigo muy duro. Decía Pepe Rubianes que cuando no hablaba él se aburría. A mí no me pasa eso, pero sí que es verdad que trato de ser crítico con lo que hacemos, sobre todo para mejorar y porque todavía estamos muy lejos de hacer un buen programa, al menos de hacer lo que la audiencia se merece.
¿La radio pone altavoz a los estados de ánimo? A veces es el entrevistado el que no da juego, pero otras muchas veces eres tú quien no está a la altura porque has discutido en casa, por ejemplo, tenemos un nivel de exigencia muy alto. No nos flagelamos cuando termina el programa, pero tampoco nos vamos de cañas diciendo qué buenos somos, tratamos de contemporizarlo todo.
Aprendió a hacer radio haciendo radio.Tengo 36 años, empecé a trabajar en la radio a los 16. En mi vida, he dedicado más tiempo a trabajar en la radio que a cualquier otra cosa. De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de la verdadera dificultad de esta profesión. No es solamente hablar, no sólo es valorar, leer, opinar, es una especie de orfebrería de la palabra donde hilar o transmitir. Además, la radio radiografía mejor que cualquier otro medio al individuo. Es muy difícil que tengas una idea muy clara de Matías Prats a través de la televisión. En cambio, haciendo un programa de radio, podrías radiografiar sus filias, sus fobias, sus intereses, su persona, y es muy difícil disimular. Si eres idiota, la gente, tarde o temprano, va a descubrir que eres idiota, con lo cual es un medio muy exigente en ese sentido.
Es un veterano muy joven, tiene mucho camino por delante, ¿qué le apetece hacer?No lo sé. Afortunadamente, he tenido oportunidad de probar caminos distintos, siempre dentro de la comunicación. Después de dar muchas vueltas, mi convencimiento total es que la radio es el mejor medio que existe con muchísima diferencia, es el más completo, el más exigente, el que más te pide pero, al mismo tiempo, el que más te da. Es imposible que exista ningún medio donde tú puedas alcanzar tan altas cotas de satisfacción. Como quiero seguir trabajando en esto, no tengo más remedio que seguir tratando de ser exigente. Si alguna vez este trabajo deriva en que la gente dice que soy bueno en lo mío… pues ojalá. Ser bueno en algo tiene que ser fantástico, pero no es algo que me inquiete.
Volvamos al libro. ¿Cómo conoce a Xosé Castro?Lo conozco a través de la tele. Él llegó como concursante a
Palabra por palabra (TVE) y acabó siendo su presentador. Es un tipo que tiene un magnetismo extraño, es gallego y eso hace que nunca sepas muy bien qué está diciendo. En ese sentido, se maneja muy bien en la ironía. Lo de Xosé es un talento natural, no sabría decir muy bien para qué, pero pensamos en buscarle algún tipo de ocupación en el programa y apareció una sección que resumía el verdadero lenguaje que utilizamos. Desde entonces, no ha habido manera de echarlo ni con agua caliente, será mejor asumirlo y probablemente seguiremos con él mucho más tiempo.
¿Cómo definiría el libro, quizá como una antología de la idiotez?Nuevos usos del lenguaje (ríe). La gente va a comprobar que la expresión errónea es a veces más precisa que la original, como alguien que va a la farmacia y pide
Colocatil. Hay algunas maravillosas…
¿Con qué "perla" se queda? Hay una muy reciente, la "conferencia
discopub". Además, hay un momento que no aparece en el libro. Mi madre tiene una incapacidad, no sabe decir 'bilirrubina'. Es una persona que lleva 15 años en bodas, bautizos, comuniones y cumpleaños cantando "me sube la
ribilurina". Todo esto hasta el día que llegó el gran Juan Luis Guerra. Como favor personal, le pedí en antena que le explicara a mi madre cómo se decía. Entonces, los dos cantaron, uno "me sube la bilirrubina" y la otra "me sube la
ribilurina". Hay una
incultez que arranca el libro, también de mi madre, de un día que se me acercó y me dijo: "Hijo mío, te he estado escuchando y tienes una voz impotente". Son dos grandes momentos que yo he vivido en casa.
Antes bromeaba con que se había aprovechado de los oyentes, pero no ha explicado la gran ayuda que esos oyentes van a prestar a miles de niños. Ganar dinero con los oyentes nos parecía feo, ya nos ganamos la vida a su costa, les hacemos soportarnos todos los días. Es un libro que ha escrito mucha gente, en ocasiones sin saberlo, de forma que todo ese dinero tenía que revertir en algo verdaderamente positivo. Si se trata de hacer reír, que mejor manera que todo lo que se genere dárselo a la
Fundación Crecer Jugando, que precisamente se dedica a llevar juguetes, a llevar sonrisas por todo el mundo.