Guerra civil, crisis económica, inestabilidad política, fundamentalismo religioso, violación de los derechos humanos… Estos son algunos de los rasgos característicos de los denominados ‘Estados fallidos’, zonas donde el caos está al orden del día y son foco de desestabilización regional que provocan, en la mayoría de los casos, enormes dramas humanos. ¿Qué países encabezan esta trágica estadística? ¿Existe un denominador común a todos ellos? El centro de estudios ‘Fondo por la Paz’ y la revista ‘Foreign Policy’ han elaborado su ranking anual de ‘Estados fallidos’ en el que Somalia, que repite por segundo año consecutivo, figura a la cabeza de los 60 países más vulnerables. Consulte el informe de ‘Estados fallidos’
En los últimos meses, y debido a la cruenta actualidad que han protagonizado, se ha expandido el uso del término ‘Estado fallido’ para denominar a aquellos
países cuyas estructuras sociopolíticas están en franco declive o, en muchos casos, han desaparecido. Si bien es cierto que en la comunidad internacional no existe una unanimidad a la hora de calificar a ciertos países como ‘fracasados’, lo cierto es que no es difícil aventurar qué estados están desprovistos de los mecanismos esenciales para un normal funcionamiento de las estructuras económicas, políticas, sociales o culturales que los rijan.
Como todos los años, la revista
Foreign Policy, en colaboración con el centro de estudios ‘Fondo por la Paz’, ha publicado su ranking anual de ‘Estados fallidos’ basando su elaboración en doce criterios de cohesión y rendimiento. Estos índices, que van desde las presiones demográficas a la deslegitimación del Estado, el respeto a los derechos humanos o la intervención externa, figuran como indicadores de la situación, o ausencia en este caso, del estado de derecho en estos países.
Como cabría esperar, de los 60 países denunciados,
son África y Asia los que copan esta dramática clasificación. El continente africano cuenta con más de la mitad, incluidos los cinco estados con peor calificación (Somalia, Zimbabue, Sudán, Chad y la República Democrática del Congo), mientras que del asiático constan 19.
Por su parte, de los 177 países analizados en el estudio, España figura en el
puesto número 151, justo entre Italia (150) y la República Checa (152). El informe anual, a pesar de destacar la buena salud de nuestro país, remarca algunas deficiencias en cuanto a agravios económicos colectivos, cierto desarrollo desigual entre la población y la división entre las élites sociales.
Somalia y ‘la ley del más fuerte’Una de las características esenciales de estos ‘Estados fallidos’ es la práctica ausencia de un sistema básico de respeto a los derechos humanos. Si bien es cierto que a lo largo del informe figuran países en el punto de mira de las organizaciones en favor de este tipo de garantías como pueden ser China, Iraq o Afganistán, lo cierto es que los indicadores más negativos en este aspecto se recogen en países menos ‘mediáticos’. De este modo, Somalia, Zimbabue, Sudán y Corea del Norte reciben la peor calificación en este apartado.
Especialmente crítica es la situación en Somalia, que ostenta el primer puesto del ranking por segundo año consecutivo. Gracias a la piratería, este país, enclavado en el noreste del continente africano, protagoniza las portadas de los periódicos de medio mundo. Con una corrupción política altísima sin ningún atisbo de democracia efectiva, con unos niveles de violencia y delincuencia desmesurados o con los sistemas básicos de educación, sanidad o seguridad colapsados,
Somalia está en manos de numerosas facciones militares que imponen su ley con el poder de las armas sometiendo a la población civil. Por otro lado, dos de los estados más poderosos del mundo y que figuran en el ranking son
Irán y China. Mientras el régimen de los ayatolás figura en el puesto número 38 del informe debido, en gran parte, a la debilidad de su sistema democrático, que quedó patente en las revueltas populares tras los comicios presidenciales del pasado mes de junio, la constante violación de los derechos humanos o la fuerte represión militar y policial sobre su población, el gigante asiático ocupa el puesto 57, casi cerrando la lista. Los indicadores señalan que a Pekín le urge solucionar el problema del desarrollo económico desigual entre el campo y la ciudad, la peligrosa concentración demográfica en las zonas costeras y, sobretodo, el escaso respeto demostrado en los últimos años por el cumplimiento y fomento de los derechos humanos.
Así pues, el informe pone de manifiesto que
los países subdesarrollados no son los únicos susceptibles de fracasar. Un gigante económico como es China, países con un alto desarrollo tecnológico como Paquistán (puesto 10) e Irán, estados satélites de la Unión Europea como Georgia (33) o, incluso, regímenes estables políticamente como Colombia (41) o Bolivia (51) pueden ostentar la lacra de ser ‘Estados fallidos’.
Los que están por fracasarEl gran problema de la calificación de ‘Estado fallido’ es que va en aumento. La actual crisis financiera mundial ha provocado que
las ayudas internacionales hayan mermado y que la financiación a los proyectos de democratización de ciertas regiones muy dependientes del exterior se haya visto seriamente disminuida.
En este contexto, los organismos internacionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial no pueden afrontar el incremento de partidas de ayuda económica a los estados susceptibles de fracasar y, por tanto, se encuentran en la difícil encrucijada de tener que elegir
qué países son prioritarios a la hora de repartir dichas ayudas.

Asimismo, el informe da la voz de alarma ante el panorama que se puede presentar en los próximos años con el
empeoramiento del cambio climático. La sequía o los desastres naturales podrían agravar aún más la situación de los países africanos o, incluso, poner en peligro la estabilidad de una zona tan castigada por estos fenómenos como es el Caribe centroamericano.
El asunto del
déficit de agua es especialmente preocupante, ya que son muchas las zonas del planeta que ven como posible un conflicto interno o transfronterizo derivado de este problema. En este sentido, la escasez de agua podría ser el germen de una crisis entre Paquistán e India, enmarcado en el contencioso cachemir, en la región de Darfur, como ya lo fue hace cuatro años, o, incluso, entre Estados Unidos y México, a raíz del cauce de los ríos Grande y Colorado.
Pero son cinco países los que el informe sitúa en una posición especialmente delicada para colapsar en 2010.
Camerún, en caída libre debido a la fuerte crisis económica y a la inestabilidad política interna,
Guinea Conakry, con un reciente golpe de Estado y la delincuencia en auge,
Yemen, con un serio problema de integrismo islámico y un déficit hídrico preocupante, y
Etiopía y Eritrea, lastrados por una interminable guerra fronteriza, son los países que cuentan con más posibilidades de caer en este impopular
status del que es muy difícil salir.