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Una nebolusa con objetivos inciertos

Al Qaida en el Magreb está lejos de Bin Laden

miércoles 09 de diciembre de 2009, 08:40h
La reivindicación hecha por Al Qaeda en el Magreb Islámico de los tres cooperantes españoles en Mauritania, confirmada por el Gobierno, denota un paso más en la estrategia de esta nebolusa terrorista en su implantación en la banda desértica del Sahara. Pero más allá de lo que exigirán los captores: rescate millonario y la más que probable liberación de presos islamistas encarcelados en España, la cuestión que preocupa a los estados de la región, es qué objetivos persiguen.
Argelia, Marruecos, Mauritania, Libia, Malí, Niger, Chad, Túnez, martillean el siguiente interrogante sin llegar a encontrar una respuesta : ¿quién quiere transformar la región en un polvorín? A pesar de lo que parece evidente, la respuesta no está nada clara.

En otras regiones del mundo donde Al Qaeda se ha implantado y desarrolla sus actividades terroristas, los objetivos de constituir un estado islámico basado en la sharia son meridianos. En la península arábiga esta organización terrorista quiere conquistar Arabia saudita o Yemen; en Asia central, pretende asentar sus bases en un Afganistán dirigido por los talibanes; en Asia del sudeste, aspira a apoderarse de Filipinas, de Indonesia o de Malasia, e incluso de algún Estado federado de la India. Pero, ¿qué pretende en el Sahara-Sahel ? ¿En un lugar donde es geográficamente imposible construir un estado islámico?

Lo que se viene denominando Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), es una nebulosa de asociaciones armadas en las que se mezclan grupos religiosos, organizaciones de traficantes, mafias de la droga, contrabandistas y bandas de delincuentes. Generalmente se considera que la matriz fundamental del AQMI lo componen varias falanges del Grupo Salafista de Predicación y Combate argelino, que se vieron obligados a buscar refugio en el desierto tras ser atacados y diezmados por el Ejército argelino en las principales zonas montañosas del país, y ahogados financieramente.

Los recientes secuestros, primero del francés en el oeste de Mali, y posteriormente el de los tres cooperantes catalanes, ilustran en realidad el "gran juego" que se está desarrollando en la región. En el cual están interesados no sólo los países limítrofes antes citados, sino potencias internacionales, Estados Unidos y Francia en particular, pero también Rusia y China. Y ello porque los intereses en juego son colosales: yacimientos energéticos, recursos mineros estratégicos como el uranio, y un corredor geográfico natural que une el África subsahariana con el Magreb y puente con Europa.

La reivindicación hecha por el AQMI del secuestro, no ha eliminado las sospechas de los expertos antiterroristas. En Argelia y en Marruecos, los dos países más experimentados y limítrofes con esta franja desértica, se sigue pensando que el ex-GSPC "no tiene ni la capacidad, ni los medios de perpetrar secuestros tan espectaculares" como los ocurridos en Mali y en Mauritania. En los últimos tiempos esta nebulosa, AQMI, ha sufrido golpes espectaculares tanto en Argelia como en el Sahel, lo que incrementa la sorpresa acerca de su autoría. Tanto en el caso del secuestro del ciudadano francés en Mali, como en el de los tres españoles en Mauritania, los captores tendrían que haber recorrido muchos centenares de kilómetros, incluso miles, para refugiarse en su retaguardia. En ambos casos, el Ejército maliense y el mauritano ayudados por unidades españolas, francesas y norteamericanas, desplegaron medios suficientes como para interceptarlos. Lo que hace pensar a los analistas que se refugiaron en guaridas urbanas. Y eso en el caso del AQMI es absolutamente novedoso.

En una reciente comparecencia ante el Senado norteamericano, los expertos antiterroristas encargados de la región del Sahel, emitieron serias dudas en cuanto a la capacidad del AQMI para implantarse en la zona. Sobre la base de sus propias investigaciones los norteamericanos afirman que las fuerzas antiterroristas argelinas, marroquíes y libias, les han asestado duros golpes. A ello se une "la incapacidad (de los yihadidstas) para alcanzar sus objetivos en materia de reclutamiento" de nuevos combatientes. Daniel Benjamin, el coordinador de la lucha antiterrorista en el Departamento de Estado, estima que aunque siga siendo una amenaza, el AQMI "no ha conseguido sus objetivcos". John Carson, el subsecretario para asuntos africanos, por su parte, asegura que Al Qaeda en el Magreb "no ha conseguido alianzas significativas con los movimientos de insurgentes o son las redes criminales en la región".

Todo ello muestra aun más, si cabe, la complejidad del entramado terrorista en la región, y la opacidad de sus vínculos exteriores. Algo a lo que España no había tenido en cuenta que hacer frente hasta ahora.
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