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Obama por fin traslada Guantánamo

miércoles 16 de diciembre de 2009, 11:47h
Si bien el Tribunal Supremo de Estados Unidos había abogado por reconocer los derechos de los prisioneros retenidos en Guantánamo a acudir a tribunales federales por su larga detención, faltaba plasmar esta resolución con hechos concretos. Una de las primeras decisiones de Obama como presidente fue la de poner fecha de caducidad a la anómala situación de la base caribeña. Posteriormente, la diplomacia norteamericana realizó gestiones para ver la posibilidad de que algunos de los presos allí retenidos fueran trasladados a prisiones europeas, pero faltaba dar ejemplo. Y ahora se ha hecho. Así, el que el estado de Illinois vaya a acoger a algunos de los detenidos de Guantánamo abre la puerta al desmantelamiento definitivo de aquel limbo jurídico. Porque, desde un punto de vista no sólo humanitario sino legalista, el derecho a una defensa justa y digna se puede llevar a cabo mucho mejor en un estado constituido como tal, con un ordenamiento jurídico que tutele a reos y juzgadores. Por muy terrorista que se sea, prima la condición de persona por encima de cualquier consideración.

Dicho lo cual, hay que añadir que tal cosa ha sido posible porque Estados Unidos es una democracia donde la separación de poderes funciona. Había un fallo, y tal fallo ha sido subsanado. Es un hecho que, tras los ataques del 11 de septiembre, el mundo no volvió a ser el mismo. Una de las cosas que cambiaron fue el concepto de lucha antiterrorista, más global y con otra serie de variables que antes ni se contemplaban. La principal, Al- Qaeda y su entramado, tan difícil de combatir. Es el nuevo enemigo. Pero el que un terrorista fanático, sea de la nacionalidad que sea -los detenidos en Guantánamo tienen orígenes muy diversos-, haga del mundo su particular campo de batalla, no justifica determinadas actuaciones. Menos aún, que se le prive de sus derechos fundamentales. Un Estado de Derecho no puede permitirse sostener conductas que impliquen vulneración de derechos humanos; sería tanto como bajar al terreno del delincuente, y por ende, ponerse en su mismo plano. Por tanto, si los presos de Guantánamo han cometido actos de terrorismo, que se les juzgue sin menoscabo de uno solo de sus derechos procesales. Y sólo entonces, si son encontrados culpables, que cumplan la pena que les fuere impuesta. Pero nunca, desde luego, antes de un juicio con todas las garantías posibles. Esa es la fuerza de la razón.
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