reseña
Catherine François: El árbol ausente
sábado 19 de diciembre de 2009, 12:57h
Catherine François: El árbol ausente. Prólogo y traducción de Santiago Auserón. Demipage. Madrid, 2009. 127 páginas. 18 €
Catherine François nació en París el 25 de marzo de 1953, pasando su infancia y su adolescencia en la periferia de la capital francesa. En 1973 empieza a viajar a España y publica sus primeros artículos en revistas varias, siendo en esta época cuando conoce al cantante Santiago Auserón, con quien contrae matrimonio en 1979. Frecuenta los ambientes de la llamada “movida madrileña”, y viaja por España y el extranjero acompañando al grupo Radio Futura. En la actualidad, después de haber publicado diversos artículos, pre-textos, traducciones y su primer libro, El árbol ausente, la autora investiga y prepara una selección de sus relatos escritos entre 1988 y 2008.
“…Era tan difícil pensar que las cosas tienen dos caras como admitir que dos caras tan diferentes son una misma cosa (...) Las puertas no sólo tenían dos lados, sino también dos aspectos irreconciliables: son cosas que pueden abrirse o cerrarse para siempre”. En el libro El árbol ausente, la autora escribe las experiencias de su niñez, transcurrida en la periferia parisina durante los primeros años setenta. Trata de la vida de niños en una urbanización, de sus aventuras diarias en el descubrimiento de la vida y de su curiosidad por conocer nuevos lugares, situaciones y palabras.
Esta obra contiene varios capítulos cortos que estimulan al lector a pensar. Nos muestra nuevos aspectos y reflexiones sobre palabras especificas, lugares, nombres y situaciones. Lo más curioso es el estilo literario de la autora, que puede resultar un poco extraño al principio. Hay que acostumbrarse a la unión de los descubrimientos sin prejuicios, de una manera sencilla, como la de los niños, con las formas complejas de pensar de los adultos. La autora muestra con tal estilo una forma de descubrir que los adultos han perdido en su proceso de crecer y madurar en la vida; unos descubrimientos de nuevas experiencias que se viven únicamente en la niñez. Este estilo nos hace posible revivir un conocimiento desaprendido y da ese toque especial con que resalta sus afirmaciones.
Por Andrea Gort