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crítica

Diana Damrau vuelve al Teatro Real convertida en una deslumbrante estrella

jueves 24 de diciembre de 2009, 15:21h
Tres años después de su debut en la Ariadne auf Naxos de Strauss, la soprano alemana regresó anoche al escenario del coliseo madrileño con un recital en el que brilló como la gran estrella que ya es, regalando al público su pasión por las piruetas vocales y deslumbrando con su extraordinaria facilidad para la coloratura y con su irresistible musicalidad.
Puede que su nombre no suene tanto como los de otras jóvenes divas de su generación, por ejemplo Anna Netrebko o Elena Mosuc, pero ya hay muchos que la consideran el ideal de soprano dramática de agilidad que requieren muchos papeles, y aseguran que a Diana Damrau no le hace falta la publicidad o el escándalo para ser más conocida. Ni falta que le hace, dicen orgullosos. Es suficiente con escucharla una vez en su Reina de la Noche, personaje mozartiano al que ha conseguido convertir en una mujer sobrecargada de pasiones que la humanizan más allá de las series de coloraturas y sobreagudos que despliegan sus dos arias, para caer rendido a sus pies. Porque cuando hay calidad y arte, no es necesaria ningún tipo de publicidad.

Lo cierto es que para el recital de este miércoles dentro del Ciclo de Grandes Voces, se había levantado mucha expectación. Los aficionados que han seguido su fulgurante carrera ya sabían que, en la actualidad, la soprano bavara es una de las más solicitadas en todos los grandes teatros de ópera del mundo, especialmente en Estados Unidos, donde ha conseguido conquistar a un público que la adora y donde la prensa hasta la ha bautizado como la Meryl Streep de la lírica por su desenvoltura sobre el escenario y su profundo calado emocional. Porque Damrau, además de contar con una soberbia voz que consigue alcanzar el súmmum del sobreagudo, es una intérprete excelente que conmueve en las arias más dulces y sobrecoge en las más dramáticas.

Como no podía ser de otra forma para una artista que se declara “necesitada de Mozart", la primera parte del concierto estaba dedicada íntegramente a obras del genial compositor de Salzburgo, y después de la interpretación por la Orquesta Titular del Teatro Real bajo la batuta del maestro López Cobos de la Pequeña Serenata Nocturna, apareció la diva alemana en el escenario para cantar, de forma cautivadora y emotiva, el aria inicial del personaje de Aspasia “Al destin che la minaccia” de Mitridate. Le siguió el de Pamina de La Flauta Mágica, “Ach, ich fühl’s”, para finalizar con un fantástico “Exsultate Jubilate”.

Sin embargo, ha sido ya sin su inseparable Mozart, durante la segunda parte del concierto, cuando la soprano ha llegado a lo más alto. Su Rossina, enérgica y plagada de matices, de Il barbiere di Siviglia, provocó, con el aria “Una voce poco fa”, la ovación que muy tímidamente había empezado a adivinarse desde el principio, pero que aún no se había producido. Y desde ese momento, la aclamación de un público, ya totalmente convencido y agradado, sólo podía ir en aumento. La bellísima interpretación de Manon de Massenet “Je marche sur Tous les chemins”, ópera que será el nuevo reto de Damrau a principios del próximo año en Viena, y la de Amina en La sonnambula de Bellini fueron el final del repertorio programado y el principio de la media hora de bises, aplausos, ovaciones y saludos agradecidos y emocionados por parte de la fantástica soprano, a quien, después de poner el mejor broche final con “Oh mio bambino caro” de Gianni Schicchi de Puccini, aún le quedaba sentarse en la tienda del teatro para dedicar a sus seguidores los ejemplares de su último trabajo discográfico, titulado Coloraturas, que acababan de adquirir.

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