El presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, logró el pasado jueves hacer historia, al lograr la aprobación de la reforma sanitaria, una de sus principales promesas electorales, que le permite mantener vivas muchas de la esperanzas que estaban puestas en él cuando llegó a la Casa Blanca.
El pasado mes de marzo
Barack Obama comenzó su reforma de la salud, con el propósito de aprobarla antes de que arrancara 2010. Durante el verano dio un discurso en el que anunciaba sus pretensiones con la propuesta sanitaria. Desde entonces, la opción de ampliar la cobertura médica a más de treinta millones de personas que no la tienen estuvo en continuo debate, hasta que el pasado sábado sumó el apoyo decisivo del demócrata Ben Nelson, que ascendía a sesenta los apoyos en el Senado y por tanto, superaba otro obstáculo para poder aprobar la tan deseada reforma sanitaria este jueves, salvo imprevisto de última hora, en el Senado. Después de su aprobación, la propuesta de la salud pasará a un
Comité de Conciliación, en el que se reunirán doce o trece miembros para sacar una reforma bicameral, en la que la diferencia fundamental será la cuestión del aborto. El objetivo de la
Casa Blanca es que Barack Obama firme la reforma sanitaria antes del 19 de enero de 2010, día en que está previsto que se celebre el debate de Estado de la Nación.
“Es increíble que un país de la categoría de Estados Unidos no tenga un sistema sanitario de garantías para todos sus ciudadanos”, reconoce
Vanessa de la Torre, corresponsal de radio Caracas en Washington, en declaraciones a EL IMPARCIAL.

Tal es la importancia de esta reforma que por primera vez en cuarenta años los senadores se reunieron el día de Nochebuena, eso sí a primera hora para que los congresistas llegasen a cenar con sus respectivas familias. La última vez que se celebró este congreso especial un 24 de diciembre fue para tratar una cuestión histórica como la Guerra del Vietnam. La reunión de este jueves tiene una importancia similar, ya que además de aumentar la posición de Obama, va a traer varios beneficios a los estadounidenses, que van a empezar a ver como las compañías dejan de marginar a las personas que padecen enfermedades preexistentes y como su sistema de salud es igual que el de otros países.
La versión definitiva de esta reforma que maneja el Senado elimina el establecimiento de un seguro sanitario público, que compita con el sector privado. A cambio, sí que se va a permitir que las grandes aseguradoras privadas puedan ofrecer cobertura por todo el país, en vez de estar supeditadas a las normas de cada uno de los diferentes estados. Además, la gran novedad es la prohibición a las compañías aseguradoras de no ayudar a las personas que padezcan ya enfermedades, lo que tendría un efecto inmediato en el caso de que se produjera en niños y, a partir de 2014, en el resto de la población. Aunque eso sí, de esta reforma quedarán excluidos los más de diez millones inmigrantes indocumentados.
La reforma sanitaria ha dado lugar a numerosos debates en Estados Unidos. A la oposición de este plan de los republicanos, que argumentan que la reforma “es costosa e insuficiente” hay que sumar en los últimos meses la de personalidades de su propio partido como
Parker Griffith, que hace unos días anunció su marcha del bando demócrata, con una clara intención de incorporarse al equipo republicano, por su disconformidad con muchas de las medidas que el dirigente norteamericano está llevando a cabo, pero fundamentalmente con su nueva medida de la salud, que está provocando una gran división en el seno de los demócratas. En la misma línea cabe destacar la postura de
Joe Lieberman, que estuvo muy cerca de ser vicepresidente en las comicios del 2000 con Al Gore, y que se ha mostrado completamente desfavorable a la reforma sanitaria de Barack Obama. De hecho, amenazó con bloquear la reforma sanitaria, ya que se opone a que el futuro sistema de la salud estadounidense incluya “demasiada opción pública”. De todos modos, este político siempre ha sido acusado de buscar protagonismo y de tener ideas en varias ocasiones contradictorias. Además, desde la extrema derecha le han tildado en más de una ocasión de comunista y antiamericano.
“Mucha culpa de esta falta de apoyos a Obama la tiene el método empleado por los republicanos para transmitirlo a la sociedad, que ha provocado bastante escepticismo”, asegura en declaraciones a este periódico
Elmer Huerta, especialista de prevención del cáncer en el Hospital Central de Washington.

Hace ya casi un siglo que el presidente Teddy Roosevelt planteó por primera vez la necesidad de crear un nuevo método de salud y por ello, posteriormente instaló un nuevo sistema de seguridad social. Por su parte, Harry Truman trató de hacer algo relacionado con la salud, pero finalmente no lo consiguió. En su caso, Lyndon B. Jonhson creó el
Medicare, un programa de cobertura de Seguridad Social, que daba atención médica a personas mayores de 65 años. Ya en la década de los noventa,
Hillary Clinton, cuando su marido presidía Estados Unidos, trató de hacer una reforma similar a la actual, pero no acertó en la forma en la que la llevó a cabo y por ello, sufrió una importante debacle, que ha provocado que en los últimos quince años, nadie haya querido modificar el programa sanitario. Aprendiendo de los errores, Barack Obama optó por reiniciar la reforma este año, pero a diferencia de entonces, el afroamericano ha querido que sean los legisladores los que realicen el nuevo programa de la salud, lo que sin duda ha sido una acción importante para que el proyecto pudiera llevarse a cabo con éxito.
“Aunque el proyecto no es perfecto, Obama ha cumplido una de sus promesas electorales y eso hay que aplaudirlo”, reconoce
Elmer Huerta, especialista de prevención del cáncer en el
Hospital Central de Washington, en declaraciones a
EL IMPARCIAL. Asimismo el doctor Huerta considera que en Estados Unidos “el cuidado de la salud se está haciendo muy caro”, ya que la cantidad que tienen que pagar las empresas “es tan grande que está impidiendo que inviertan en I+D”
Con la aprobación de esta reforma, volverá a surgir el debate la popularidad de Barack Obama, tan alta durante su campaña electoral pero que se ha visto reducida en los últimos meses por los escasos logros que ha conseguido. Hace dos semanas el propio mandatario estadounidense se evaluó en el programa de
Oprah Winfrey con un notable alto. Sin embargo, el
USA Today, después de un sondeo realizado le otorga un 49% de aprobación y un 46 por ciento de desaprobación, lo que supone el peor dato para un presidente desde que existen este tipo de sondeos. Asimismo, una encuesta realizada por la compañía
Rasmussen afirma que el 46 por ciento de los estadounidenses desaprueba la gestión del de Illnois. De todos modos, su popularidad sigue por delante de la de George Bush.