Riéndose del cambio climático
José María Zavala
x
jmzavalagmxnet/8/8/12
viernes 25 de diciembre de 2009, 15:37h
Que el encuentro de Copenhage sería un rotundo fracaso ya se veía venir. Pensé que su ausencia de logros sumergiría el evento en el olvido. Pero no sólo se ha limitado al “hacemos como que hacemos”, sino que además parecía estar contaminado por el espíritu negacionista al convertirse en un insulto al mundo.
¿Por qué la UE propone destinar 2.400 millones de euros anuales a países en vías de desarrollo para que combatan el cambio climático? Estos países no necesitan dinero, lo que necesitan es respeto. ¿Dónde están los coches, las familias con miles de electrodomésticos, la laca en spray, los centros comerciales hiperiluminados y los carteles luminosos? ¿Dónde está la mayoría de centrales térmicas proporcionando ese banquete de consumo energético? ¿Quieren minimizar la huella ecológica de quienes tienen que ir andando todos los días varios kilómetros a buscar agua?
Cualquier analista me vendrá con la historia de que los países en desarrollo son los que tienen una necesidad “más urgente” de alcanzar estadios superiores de industrialización, y que por lo tanto no se atendrán jamás a criterios ecológicos. Pero el modelo de “desarrollo” que lleven a cabo estos países depende del que les impongamos desde el Norte industrializado. En América Latina, por ejemplo, es común la importación de coches viejos (de incluso 20 años de antigüedad) desde países como Canadá o Estados Unidos. Es el consumo de los países ricos el que levanta salvajes industrias en los países pobres. Aprovechándose de legislaciones locales débiles (o de burocracias corruptas), las multinacionales mantienen en sus dominios periféricos instalaciones con tecnologías obsoletas. Y son los acuerdos de libre comercio los que permiten semejantes barbaridades. La irresponsabilidad del Norte se ve también en los sistemas de “derechos de emisión” que han generado todo un mercado de la contaminación.
En los países en vías de desarrollo no está el problema, precisamente porque aún están a tiempo de evitar un error como el de los mal llamados “desarrollados” (que yo llamaría “sobredesarrollados”). Aún están a tiempo de no tener dos o más coches por familia, varios televisores, miles de objetos cuya producción y desecho causan graves emisiones de CO2 a la atmósfera, y de no basar su sistema energético en la dependencia de los combustibles fósiles. Pero para ello es necesario invertir (en los países del centro, obviamente) millones de euros anuales en investigación responsable, pero sin negarle la tecnología a otras economías a través de patentes.