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García-Valiño y el Sahara español

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 25 de diciembre de 2009, 18:48h
A principios de los años 60, Rafael García-Valiño y Marcén era el capitán general de Madrid, y antes había sido el teniente general más joven de la Historia Militar española. Había sido el héroe más resolutivo y el estratega más imaginativo y original de la transcendental Batalla del Ebro con sus jovencísimos requetés navarros, el general que abortó con muy pocos medios humanos y recursos ofensivos el gran ataque maqui-comunista en el Valle de Arán en 1944, en el que estuvo a punto de caer en manos de los maquis el mismísimo general Moscardó y, finalmente, entre 1951 y 1956, este militar manchego fue el alto comisario de España en Marruecos, convirtiendo la ciudad “libre” de Tánger en una isla de libertad en medio de la vasta y triste grisura del Estado franquista. Bajo su liberal comisariado arribaron a Tánger artistas e intelectuales de todas las ideologías; anarquistas, comunistas, republicanos, y hasta una rubia escritora nazi, haciendo la policía franquista la vista gorda en aquella magnífica Babel española por orden expresa del alto comisario García-Valiño. Pues bien, durante su estancia en Madrid en su calidad de capitán general de la Región mantuvo continuados y estrechos contactos con Antonio Gavilanes, presidente del antifranquista y liberal Centro de Estudios de Problemas Contemporáneos, asociación que naciese gracias a la Ley de Asociaciones de 1964.

En el marco de esta Asociación García-Valiño, profundo conocedor de la voraz monarquía alauita, siempre ávido de aventuras lejanas, expresó paladinamente la urgencia de convertir el Sahara español en una República independiente, transformando a los polisarios y otros independentistas armados en el embrión del nuevo ejército saharaui, al que de momento se deberían encuadrar en las distintas unidades de a la sazón ejército colonizador español – cosa que se llevó más o menos a cabo entre 1972 y enero de 1976, ya fallecido el general manchego -. Lo importante de este dato histórico es señalar que la idea venía del franquismo puro con Franco vivo, desde todo un todopoderoso capitán general de la capital de España, que en su juventud había colaborado decisivamente para que Franco ganase la Guerra Civil y que evolucionó políticamente desde el carlismo al juanismo, pues que veía que también Don Juan representaba la comunión tradicionalista.

El franquismo tenía “in mente”, claramente, la decisión de convertir las provincias españolas saharauis en una república independiente, antes de que el proverbial egoísmo sagrado de los alauitas las devorase. Pero por lo que se ve el Régimen naciente en 1976 vio digno salirse de una colonia para que la invadiese otro país colonizador más detestable, hispanófobo y desabrido. Hasta la reina de los batekés en el Congo tenía más miramientos con las tribus sometidas en proceso de “degaullización” que la nueva Corona instaurada con la colonia saharaui abandonada. Si en el nuevo Régimen los cargos políticos se hubiesen justificado alguna vez por la capacidad intelectual y moral, la criminal irresponsabilidad de España para con sus “hijos” saharauis ( v. gr. sistemática violación de mujeres saharauis por el ejército invasor con la complicidad española del silencio ) hubiese resultado imposible. La Marcha Verde, lejos de ser pacífica, amparada por invasiones militares en otros lados de la frontera, interrumpió el proceso descolonizador iniciado por Franco y abortó el referéndum de autodeterminación; un referéndum sobre cuyo resultado no las tenían todas consigo ni Marruecos ni Francia, la gran instigadora de la Marcha Verde. Si de aquel referéndum hubiese salido un NO rotundo de odio desvinculador contra la metrópoli, ¿por qué razón se iba a organizar aquella Marcha del exterminio del pueblo saharaui?

Los historiadores romanos, siempre tan patriotas, escribieron a menudo que la grandeza del espíritu de un pueblo emana a veces más de los colonizados que de la propia metrópoli. Hoy la voz de Aminetu Haidar la siento profundamente española, tan profundamente que me ha hecho llorar lágrimas de patriotismo. Creo incluso que su voz representa más los valores de la patria en la que yo siempre he creído, España, que la de algunos de mis gobernantes coterráneos. La complicidad con el tirano extranjero que tortura y aniquila a uno de los nuestros nunca ha sido española. Puede ser propia de una dinastía, jamás del pueblo español.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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