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"Remake" de "Fama": peripecias y sacrificios para llegar a lo más alto

sábado 26 de diciembre de 2009, 09:45h
Hay temas que nunca dejan de estar de moda. Aún así, los años pasan y las cosas cambian tanto que para conquistar a las nuevas generaciones de espectadores parece que no basta con ofrecer los filmes que ya triunfaron hace décadas tratando el argumento. Por ello, y probablemente también por una contagiosa falta de nuevas ideas en el cine, este año que acaba ha estado marcado por los numerosos remakes de grandes títulos que han llegado a las pantallas. El último ha sido esta semana de Navidad con el estreno de “Fama”, la nueva versión del famosísimo clásico del musical que en 1980 rodó Alan Parker, al que siguió una serie televisiva de gran éxito, y responsables ambos de muchas vocaciones artísticas de la época.
Hay temas que nunca dejan de estar de moda. Aún así, los años pasan y las cosas cambian tanto que para conquistar a las nuevas generaciones de espectadores parece que no basta con ofrecer los filmes que ya triunfaron hace décadas tratando el argumento. Por ello, y probablemente también por una contagiosa falta de nuevas ideas en el cine, este año que acaba ha estado marcado por los numerosos remakes de grandes títulos que han llegado a las pantallas. El último ha sido esta semana de Navidad con el estreno de “Fama”, la nueva versión del famosísimo clásico del musical que en 1980 rodó Alan Parker, al que siguió una serie televisiva de gran éxito, y responsables ambos de muchas vocaciones artísticas de la época.

Y vuelve a ocurrir lo de siempre. Este remake sirve para introducir en la trama y en la ambientación historias, personajes y detalles políticos o sociales que entonces ni siquiera existían, pero no para ofrecer más calidad y ni siquiera más espectáculo. Tampoco la banda sonora llega a acercarse a aquella que se llevó un Oscar y la única canción que verdaderamente vale la pena es, precisamente, aquel mítico tema copiado de la versión original que interpretaba la genial Irene Cara, aunque con una nueva orquestación. Pero, también aquí, hay que tener presente que la cinta va dirigida a un público adolescente al que aquellas canciones de los 80 no le suenan a nada y que, por tanto, espera escuchar temas de la música actual.

Lo que no cambia demasiado es el núcleo de la historia: el retrato de las peripecias y los sacrificios que jóvenes con talento tienen que experimentar para conseguir el particular sueño de llegar a lo más alto en la faceta artística correspondiente. Fama vuelve a estar ambientada en una escuela neoyorquina dedicada a la enseñanza de artes escénicas y musicales y es el marco en el que transcurren las diferentes historias de los profesores pero, sobre todo, de los alumnos, los verdaderos protagonistas, a pesar de que el guión amague mucho con contarlas, pero sólo tenga espacio para dar alguna pincelada muy superficial sobre ellas. En todo caso, no faltan el alumno pobre que quiere huir de su existencia, el que lleva desde niño estudiando para un gran futuro programado por sus padres pero que al final se atreve a oponerse a ellos y, por supuesto, el que a pesar de poner un gran tesón tiene que abandonar el sueño porque queda demostrado que le falta el don para llegar a la cima.

El reparto está compuesto por nombres conocidos en el mundo de la televisión como Kherington Payne, Asher Book, Kristy Flores, Paul Iacono y la mejor del filme, Naturi Naughton, surgida del cast de Hairspray en Broadway. Mucho más conocidos son Kelsey Grammer, que encarna al profesor de música, y la actriz que interpreta a la directora del centro, Debbie Allen, la misma que hacía de profesora de danza en la serie de televisión y a la que se recuerda por una de las frases que definen el mensaje que quiere transmitir la cinta: “La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar con sudor”.

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