Durante casi dos semanas el Reino de Marruecos ha vivido pendiente de una macro operación policial que ha permitido detener a 38 presuntos terroristas. El pasado jueves 35 miembros de la que ya se conoce como "la red Belliraj" (por el nombre del cabecilla Abdelkader Belliraj, un ciudadano belga de origen marroquí), comparecían en Rabat ante el Fiscal General del Rey.

Las principales detenciones tuvieron lugar el 18 de febrero en Nador, la ciudad marroquí fronteriza con Melilla, donde la policía encontró en diferentes zulos 9 fusiles kalashnikov, 2 subfusiles Uzi y silenciadores, 7 metralletas Skorpio, 16 pistolas automáticas de diversos calibres con silenciadores, cargadores y abundante munición para las armas, diversos explosivos y detonadores. Suficiente material como para armar varios comandos. A la vista del material inautado, los marroquíes se han visto sorprendidos por la capacidad desestabilizadora de la red yihadista desarticulada.
Uno de los elementos nuevos, en el continuo goteo de detenciones de presuntos terroristas en Marruecos, es que el grupo estaba respaldado por un pequeño partido islamista legal, El Badil Al Hadari (La Alternativa de Civilización), cuyo secretario general, Mustafa Muatassim, figura entre los detenidos.
Armas por Ceuta y MelillaSegún informaciones recogidas por EL IMPARCIAL, el cuantioso armamento incautado formaba parte de un cargamento introducido en Marruecos a través de Ceuta y Melilla entre 1993 y 1995, y cuyo destino final era alimentar al Grupo islámico Armado (GIA) en Argelia. Parte del armamento fue descubierto por la policía marroquí en aquellas fechas -aunque nunca se supo cuanto- pero el resto aún se encontraba en paradero desconocido. "Lo más extraño del caso, señala un analista de Inteligencia, es que entre 2001 y 2005 el grupo recién desmantelado tuvo ocasión de entregar el armamento a las células salafistas muy activas en Marruecos, y no lo hizo". Fuentes oficiales afirman que las armas fueron ocultadas en varios depósitos de Casablanca y Nador a la espera de ser utilizadas.
El ministro del Interior Chakib Benmusa, en una primera valoración de la operación antiterrorista, califica al grupo detenido como "el más peligroso" de los que ha conocido Marruecos desde los atentados perpetrados en el Hotel Atlas Hasni de Marrakesch, en 1996 en los que murieron dos turistas españoles, y más aún que los desarticulados tras los atentados del 16 de mayo de 2003 en Casablanca, que causaron
45 muertos, 4 de ellos españoles.

Al cabecilla Belliraj, cuya trayectoria en el seno de los movimientos islamistas radicales se remonta a los años 70, ya se le había detectado en 2001 en Afganistán, combatiendo junto a los talibanes en un núcleo yihadista que más tarde engrosó las filas del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino. Según el ministro Benmusa el grupo terrorista desmantelado tenía como objetivo asesinar a "importantes personalidades marroquíes", ministros y altos funcionarios, así como miembros de la cúpula militar de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) y de la Gendarmería Real.
El grupo había puesto en marcha una estrategia de infiltración de las instituciones estatales (Administración y cuerpos de seguridad del Estado), de los partidos políticos y de las organizaciones de la sociedad civil, con la finalidad de preparar un plan de asalto al poder. La red Belliraj disponía desde el año 2000 de "comandos de acción especial" ya instalados en Casablanca y en Kenitra.
Apoyos en partidos islamistasEn el curso de las investigaciones se han encontrado vínculos entre esta "red Belliraj" y algunas formaciones políticas marroquíes, como el movimiento islamista, hasta ese momento legal, Badil El Hadari (La Alternativa de Civilización). Los dirigentes de este grupo político se cuentan entre los detenidos, y el partido ha sido prohibido por el Gobierno. Otras ramificaciones "políticas" del grupo lo vinculaban con el "Hizb Al Umma" (Partido de la Nación islámica) y con miembros del Partido de la Justicia y Desarrollo (PJD), el principal partido de la oposición presente en el Parlamento marroquí.
Los presuntos terroristas detenidos tienen un nivel de formación medio y superior, se han financiado con atracos a mano armada en Belgica y Luxemburgo en los años 80 y 90 y compraron el armamento en el mercado negro europeo. Tan sólo en Marruecos se han detectado un mínimo de 30 millones de dirhams (tres millones de euros) invertidos en depósitos bancarios. La policía belga ha enviado un grupo de
investigadores a Marruecos para seguir de cerca las operaciones de rastreo de las conexiones del "grupo Belliraj".