Que viene el lobo, en versión Rubalcaba
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 29 de diciembre de 2009, 20:32h
El aviso de ataque catastrófico de Eta, en boca del ministro del Interior, puede tener dos explicaciones (aunque probablemente más, pues estamos hablando de Rubalcaba):
La primera: alertar a los posibles objetivos de Eta para que extremen sus medidas de seguridad, que también incluye la advertencia a Eta de decirle que conocemos sus intenciones para que la banda terrorista se disuada de ejecutarlas. Ésta es la interpretación más generosa y, ya que estamos en Navidad, no necesariamente descartable.
La segunda, mucho menos amable: alertar sobre un secuestro o atentado para que, si se produce, decir que el Gobierno lo ha hecho bien, pues ha demostrado su vocación de velar por la ciudadanía. Ya os lo dijimos, si alguien es secuestrado o muerto es, en parte, culpa suya, por no tomar medidas. Que no se diga que a este Gobierno le falta transparencia y que no informa a los ciudadanos.
Es este segundo aspecto de la sorprendente revelación de Rubalcaba lo que merece la pena analizar, porque tiene precedentes. Más aún, se está convirtiendo en una costumbre.
La táctica empezó a raíz de un catastrófico temporal de nieve que colapsó las carreteras y atrapó a miles de ciudadanos en el desamparo, ante la imprevisión, la pasividad y la impotencia de los gestores públicos.
El Gobierno, a partir de ahí, aprendió la lección. A la mínima brisa, con el primer copo de nieve o ante el mínimo chubasco, las autoridades llenas de celo protector empiezan a decretar alarmas de todos los colores. Tantas que, finalmente sólo se puede saber que la única forma de evitar incidentes, aunque sean leves atascos, es no salir de casa.
La meteorología fue sólo el comienzo. A partir de ahí, este preocupado Gobierno se convierte en preocupante. Todo es potencialmente malo, incluso mortal. Cualquier central nuclear es Chernobyl; cada cigarrillo es una pistola; todo hombre es maltratador en potencia; todo coche destruye el planeta; todo virus amenaza pandemia.
Curiosamente, si pensamos en el optimista antropológico, la impresión de su Gobierno es más bien de un cruel pesimismo.
Para este Gobierno siempre viene el lobo. Y, como es sabido, si se vive en un ay permanente, al final se termina por despreciar la rutina. Puestos a la evidencia de la destrucción planetaria, de la enfermedad masiva, de la corrupción inminente de los cuerpos y de sus almas, vívanse despreocupadamente estos pocos minutos que nos quedan, tal como amablemente nos advierte el Gobierno mañana, tarde y noche.
En realidad, todo es más simple. Cuando el Gobierno advierte de una posible catástrofe natural o atentado terrorista no lo hace tanto en defensa de los ciudadanos como en defensa propia. Y no lo hace tanto por cumplir con sus responsabilidades, sino por trasladar la responsabilidad a las eventuales víctimas de esos desastres.
Ahora es Rubalcaba quien nos dice que viene el lobo. Y seguro que no le falta razón, porque el lobo terrorista siempre está ahí, y siempre puede venir. Aunque el Gobierno lo diga ahora, y no quisiera decirlo cuando negociaba con Eta. Y no sólo eso: a quienes lo decíamos (que Eta mataría, pese a la negociación) se nos acusaba de querer que Eta matara, en un notable ejercicio de infamia.
Rubalcaba ha sido aquí un profeta, aunque con información. Con menos datos que él, pero con igual intención profética, podría decirse que también habrá más atentados islamistas. Que secuestrarán a más españoles. Que habrá muertos en las carreteras y que es posible que vuelva a nevar en Madrid. Ni siquiera es improbable que se difunda estrepitosamente un nuevo apocalipsis aviar, porcino, vacuno o lanar.
Puestos a todo ello, el Gobierno podría terminar su tarea avisándonos de que se profundizará la crisis económica, que aumentará el paro, que entrarán en la cárcel más y más políticos de todo pelaje, que se continuará en la estrategia de desprestigio del Poder Judicial y que crecerá imparablemente el soberanismo secesionista. De esto último, el Gobierno nos advierte bastante menos. Hasta que crea que le resulta rentable hacerlo, para trasladar la culpa a otros.
Estamos, pues, ante un Gobierno que empieza a rozar la perfección en su elegante manera de sacudirse sus obligaciones: la culpa de la crisis será del PP, por no colaborar con el Gobierno; la de los accidentes, de los conductores; la de la gripe aviar, obviamente de los pollos; y la de los atentados terroristas, a medias entre sus autores y las víctimas empeñadas en no protegerse.
¡Cuánto nos falta a los españoles para llegar a la altura del Gobierno! O, parafraseando a Rubalcaba, precisamente: este Gobierno no se merece a un pueblo tan irresponsable, tan descuidado, tan poco previsor; tan suicida, en suma.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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