Es catedrático de Filosofía, intelectual de renombre y autor de numerosas obras de cabecera. Es también colaborador en medios de comunicación y reconocido por su capacidad de argumentación y conocimiento histórico.
Usted, incansable estudioso, es también autor gracias a su capacidad para contar. Quería que cualquier persona pudiera acceder al libro, tanto el filósofo como el intelectual, el periodista o el hombre medio de la calle, es un trabajo de marquetería literaria. No es una biografía ni un libro de Historia, es un ensayo, una reflexión política con la figura de Ángel Herrera Oria como pretexto.
¿Cuál es el tiempo que vive Herrera Oria?Vive distintas etapas, como el final de la dictadura de Primo de Rivera, la segunda república o el franquismo. En todas ellas, Herrera representa una gran continuidad, una gran coherencia tanto en su vida personal como en la profesional como abogado del Estado, como periodista que crea uno de los periódicos más importantes de la república que es
El Debate y después, cuando con 54 años se hace sacerdote.
¿Qué quería contar cuando comenzó a escribir? El objetivo fundamental del libro es mostrar cómo las contradicciones de la democracia cristiana la acercan a su contrario, el integrismo, y cómo las del liberalismo, con el que se marca un paralelismo, pueden conducirlo también a su contrario, en este caso el anticlericalismo. Todo esto contextualizado en el aquí y ahora.
Todo ello con Herrera Oria como protagonista y algunos de sus más destacados contemporáneos como compañeros de viaje en el libro a través de encuentros y desencuentros con el periodista, jurista y sacerdote. Antes de poner el foco en ellos, ¿cuál es la principal lectura que extrae del polifacético Herrera? Defendió un cristianismo para darlo a España, con la enseñanza de que primero hay que ser ciudadano y después cristiano. Dicho de otro modo, lo fundamental es que España lo juzgue no tanto por ser cristiano como por ser ciudadano. En este sentido, el propósito de Herrera es el de crear buenos ciudadanos a partir de una doctrina clave que ya viene de León XIII: la preocupación política por encima de la social. Evidentemente, ese discurso es muy duro de entender en la época de la segunda república y el ciudadano cristiano no es escuchado, entre otros, por aquellos que creían en España que ser católico era ser monárquico. Herrera demuestra que esto no es una fórmula matemática, y que la monarquía en España necesita del cristianismo, pero el cristianismo no necesita de la monarquía para legitimarse.
Hábleme de sus coetáneos.Analizo tres figuras que se enfrentan a Herrera. Uno es Azaña, que no entiende nada de lo que dice; otro es Luca de Tena, director del ABC en aquel momento y al que Herrera intenta convencer para que acepte el nuevo orden constitucional de la segunda república; y también Gil Robles, considerado su gran discípulo pero que fue más bien un tradicionalista y, en términos históricos, lo que vemos es que no siguió a Herrera. Una gran contradicción fundamental para entender a Herrera es ver cómo tampoco fue entendido por los liberales de su época, no podían entender su defensa de la libertad religiosa o de conciencia. En este punto, analizo dos figuras muy importantes que son las de Bergamín y Zubiri. Pero seguramente la figura más importante que analizo es la de Laín Entralgo y cómo ve a Herrera. Laín, en su obra
España como problema, dice que la única salida que tiene España es unir el discurso de Ortega con el de Herrera, es decir, que los reproches e incomprensiones entre liberales y demócratas cristianos deben ser resueltos.
Leo que dos opuestos como Herrera y Ortega sirven para comprender las dos caras de la moneda de un tiempo. No los comparo intelectualmente, comparo dos fracasos porque Ortega no fue seguido por sus propios discípulos. Nadie quiere hacerse cargo de cuáles son los problemas de Ortega. Podríamos decir, para sintetizar, que sólo hay una salida en política intelectual para España que es la síntesis, el diálogo entre liberales y demócratas cristianos. Liberal sería Ortega y demócrata cristiano seria Herrera Oria. Es la propuesta de Laín Entralgo.
¿Qué comparten dos perfiles tan distintos a priori?Las dos doctrinas fundamentales de Ortega y Herrera coinciden. ¿Cuál es el problema de España? La carencia de minorías. ¿Cuál es el segundo gran problema para Ortega? El resentimiento, el odio. Ortega ha sido más ninguneado, más silenciado que el propio Herrera y me gustaría insistir en ello. Ninguno de los dos fue comprendido.
Herrera defiende que la política sea una labor clave del cristianismo en España, que debe obedecer al poder constituido y resistirse a las leyes injustas.El fracaso del ciudadano cristiano no es un fracaso subjetivo o personal, sino histórico, por una sociedad que es incapaz de darle la palabra. El no haber resuelto esto en la Transición ha llevado a esta época actual del zapaterismo a expulsar al cristiano de la vida pública. Hoy, el problema ha de ser resuelto por el heredero de la democracia cristiana, que no es otro que el Partido Popular.
El libro pivota en torno al concepto de 'fracaso'. Hablo de una sociedad incapaz de entender un discurso claro, diáfano. Un cristiano debe participar en la vida pública igual que el agnóstico o el ateo, que no participan como agnósticos o ateos sino como ciudadanos. Hablo de la incomprensión a que un cristiano participe en la vida pública. El asunto fundamental de este libro no es un problema religioso, tampoco teológico, sino de una sociedad que se determina por la exclusión. También puede haber un fracaso de los cristianos españoles que no quieren ser integrados, sin embargo, el problema de hoy en España no es el integrismo religioso sino el totalitarismo ideológico y político que excluye al cristiano de la vida pública. De ahí que la obra política de Herrera sea muy actual. Es un personaje apasionante, preocupado por la cuestión social, pero que se resuelva en la política.
¿Cuál es la salida a las desavenencias Estado-Iglesia que hoy vivimos?El referente político es el Partido Popular, que debe hacer converger el liberalismo y la democracia cristiana.
¿Qué papel juega hoy la prensa católica?Ninguno. Debería jugar un papel importante, pero ahora no hay ningún periódico católico. Herrera hizo un periódico con la preocupación de hacer un buen periódico. Después, si alguien le puso o no el adjetivo de católico, pues estupendo. Es decir, primero hay que ser periodista, después, si uno es católico, perfecto. No era un periodismo integrista, no eran hojas parroquiales, y así lo concebía el hombre moderno por antonomasia del catolicismo en España. Otro fracaso periodístico es el de las propias instituciones católicas. Después de
El debate, el periódico que se le permite a Herrera es el
Ya, que se cerró.
¿Quién supo comprender su mensaje?El hombre que mejor ha visto a Herrera ha sido Laín. Al principio es muy crítico con él, dice que es un cristiano moderno, pero cuando escribe
España como problema concluye que no hay más solución que la de Herrera, y que debe hacerse compatible con el liberalismo. Aparte de Laín, agentes intelectuales y políticos han sido incapaces de darse cuenta de este discurso transparente de crear ciudadanos.
¿Quiénes son sus seguidores hoy día?Creó muchas instituciones que aún viven, pero hago una crítica, aunque muy leve, a sus herederos, que no han sido capaces de hacer actual ese discurso. He hecho un ensayo político para entender el fracaso de la Transición, de la democracia española hoy. Son sus continuadores los que tienen que hacer entender esto.
Confiesa en el prólogo que antes de comenzar las pesquisas sobre Herrera apenas conocía su figura.No conocía nada. A medida que escribo voy contando cómo lo hago. Yo narro, la filosofía es una narración y explicación continua. Dicho de otro modo, no quería escupir un libro de Historia porque no soy historiador, tampoco una biografía. Quería, simplemente, hacer una filosofía política de España. Como es lógico, primero hay que documentarse y hacer una síntesis. Sin embargo, en el caso de Herrera y muchos otros ejemplos con los que me he topado, la documentación acumulada me daría para hacer otro libro. He buscado un estilo ameno, un ensayo con parte de narración y parte de creación y pensamiento.
¿Qué poso le queda ahora que ve su obra en las librerías?Ha sido un trabajo enriquecedor, me ha emocionado y asombrado la coherencia de Herrera Oria. Este tío nunca se resignó. Jamás.