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una cinta de Brandon Camp

[i]Love happens[/i]: cuando la vida te trae limones, o te amargas o haces limonada

sábado 02 de enero de 2010, 11:53h
Jennifer Aniston es, sin duda, el principal reclamo de este drama romántico que huye claramente de la comedia romántica clásica para apostar por una trama que introduce mensajes de autoayuda, aunque con una velada crítica hacia los mismos, y con un trasfondo tan árido y doloroso como es el de la superación de la pérdida de un ser querido. Y aunque a la guapa actriz californiana le falte bastante de la chispa ingenua de Meg Ryan, lo cierto es que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en una digna sucesora del personaje de la “buena chica” que, por fin, encuentra al hombre hecho a su medida, después de padecer más de una peripecia desagradable en el pantanoso terreno de lo sentimental. Pero antes de llegar al esperado final feliz de perdices y miel, la heroína tiene primero que redimir al príncipe, entre otras cosas, porque éste aún no se ha enterado de que lo es.
En Love Happens, dirigida por Brandon Camp, la tarea, desde luego, no parece nada fácil. Al apuesto Aaron Eckhart, que interpreta al protagonista, Burke Ryan, un hermético personaje de dos caras completamente distintas, el papel le cae muy bien y hace creíble una historia cuyo guión, sin embargo, deja algunos importantes flecos colgando, sin atreverse a criticar del todo a ese mundo de los gurús de la autoayuda que, en realidad, son los que más ayuda, propia o ajena, necesitan. Cuando el filme nos presenta a Burke Ryan, nos encontramos ante un hombre de gran éxito que ha encontrado la razón de su existencia, después de perder a su mujer en un terrible accidente de automóvil ocurrido tres años antes. El libro que escribió contando su experiencia de cómo superó el inmenso dolor que le produjo la pérdida se ha convertido en un inesperado best seller, su avispado agente ya está explotando el filón con toda una serie de seminarios, talleres y conferencias y ya se relame con lo que aún está por llegar.

Sin embargo, la realidad es que ese supergurú tan aparentemente seguro de sí mismo, al que acude la gente en busca de ayuda, no está, ni mucho menos, curado de su trauma y, aunque anima con convicción a sus seguidores para que se enfrenten a sus miedos y logren superar definitivamente el dolor, él mismo está lleno de ellos y tiene que esconderlos con la ayuda o, más bien, con la férrea vigilancia de su agente. Uno de esos temores inconfesables es volver a Seattle, la ciudad donde viven los padres de su difunta esposa, con quienes ha perdido todo el contacto, porque ellos sí se atreven a acusarle de impostor, especialmente su suegro, interpretado por un secundario de lujo como Martin Sheen.

La trama arranca precisamente en ese momento: cuando Burke, obligado por los cada vez más numerosos compromisos comerciales y a punto de cerrar un importante acuerdo publicitario, regresa a la “ciudad de la lluvia” para impartir un seminario sobre la superación del dolor. Por eso, durante la primera parte del metraje, la historia romántica queda oportunamente apartada para centrarnos en conocer mejor al verdadero protagonista, a los asistentes a sus talleres de autoayuda, así como los métodos utilizados en los mismos. Sólo entonces aparece Eloise, la sencilla florista interpretada por Aniston, como el catalizador de la verdadera sanación del sanador y los románticos podrán abandonarse a la parte más dulce del filme.
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