www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

El susto de la Navidad

lunes 04 de enero de 2010, 19:15h
No era casualidad que el vuelo elegido, el 253 de la compañía Northwest, recientemente adquirida por Delta, tuviera lugar el 25 de diciembre, el día de Navidad, y que su trayecto cubriera Amsterdam con Detroit. Pocas sospechas pueden provocar los viajeros del gran día del año cristiano y pagano, gentes que ya no llegan al festejo de la Nochebuena, practicantes asiduos de las rebajas de última hora, seguramente sin grandes lazos familiares ni necesidad para las grandes planificaciones previas. Y ¿qué decir de la conexión, que une una gran ciudad europea de un pequeño país con una ciudad americana en declive y a trasmano? No es un vuelo Londres-Nueva York ni Paris-Washington. Por no dedicar un pensamiento piadoso y comprensivo a los aduaneros, agentes de seguridad, representantes de las compañías aéreas, que, incluso en el más estricto y profesional cumplimiento del deber, estarían mirando con inquietud sus relojes para no perderse lo que quedaba de la celebración familiar , a lo mejor incómodos por haber tenido la mala fortuna de acudir al trabajo ese día, o simplemente distraídos para, con la mejor voluntad del mundo, desear feliz navidad a los transeúntes de esa rara ocasión. No, no era casualidad que el joven y acomodado nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab decidiera hacer ese viaje precisamente ese día con una letal carga del explosivo pentaerythritol tetranitrate cosida a sus calzoncillos, y en su bolsillo una jeringuilla con el precursor de glycol liquido, combinación que podría haber producido una catastrófica explosión y seguramente acabado con la vida de las cerca de las trescientas personas que se encontraban a bordo.

Tampoco era una casualidad que el joven y ardiente islamista nigeriano hubiera empleado un tiempo significativo de sus recientes años en fijar residencia en Yemen, con el pretexto de mejorar su árabe, país en donde encuentran fácil refugio, ya que ni Pakistán ni Afganistán lo ofrecen tan graciosamente como antes, dirigentes y militantes de la nunca del todo enterrada y siempre desgraciadamente renacida Al Q’aida. Como tampoco era casual que el hijo del banquero comenzara su viaje en Lagos para hacer trasbordo en Amsterdam con un billete adquirido con dinero en metálico y viajara sin equipaje -seguramente porque para llegar al paraíso con las huríes no hace falta tal impedimento-. Y a lo mejor tampoco es casual que el-niño-rico-nigeriano-convertido-en-terrorista-islámico fuera uno de los corresponsales habituales de Anwar al-Awlaki, un clérigo musulmán yemení nacido en los Estados Unidos desde hace años sospechoso de alentar las sangrientas andanzas de los islamistas radicales y que habría tenido entre sus fieles al Comandante médico del Ejército de los Estados Unidos Nidal Malik Hasan, que en noviembre de 2009 acabó con la vida de 12 personas en Fort Hood.

Como ocurriera el 11 de septiembre de 2001 –bien que esta vez con la gozosa diferencia de un final feliz - la administración americana se ha visto sorprendida por los acontecimientos con el paso cambiado y la voz tomada. Janet Napolitano, secretaria del departamento de Seguridad Interior, tuvo la mala fortuna de considerar que el ” sistema había funcionado”, mientras que el propio Obama, en vacaciones en Hawai, tardó tres días en comparecer para prometer todas las penas del infierno contra los responsables de tan “inaceptable” situación. Entre tanto ya se han producido las primeras fisuras entre la clase política y en el seno de la opinión pública. ¿Cómo es posible que la Casa Blanca tardara tres días en reaccionar? ¿Va a mantener la administración Obama en este caso, como ya hiciera en el del mayor Hasan, que se trata de un acto aislado sin complicidades exteriores? ¿No está ya claramente establecida la conexión yemení de Al Q`aida?

El criminal intento de la Navidad ha dejado con el aliento corto a los que en la era Obama pensaban definitivamente conjurado el peligro del terrorismo islámico una vez sometido a los embriagadores efluvios del primer presidente postmoderno, postracial y post Bush. La dura confrontación con la mostrenca realidad tiene otras y no buscadas y poco casuales consecuencias: la lucha contra el terrorismo desgraciadamente no puede darse ni por ganada ni por acabada; la posibilidad de hacer volver a Yemen los originales de ese país todavía detenidos en Guantánamo-al menos unos noventa- es hoy puesta en duda por muchos, que al mismo tiempo exigen que la prisión cubana no sea cerrada; y los sufridos pasajeros de las líneas aéreas deberán de nuevo armarse de paciencia para ver como concienzudos mocetones de dos metros investigan a un bebé recién nacido mientras que un tal Umar Farouk Abdulmutallab –o su pajolero primo- carga los calzoncillos con fuegos artificiales. Y luego dicen que el terrorismo no cambia la vida de las gentes.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.