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La Cuba totalitaria marca su territorio

miércoles 06 de enero de 2010, 03:55h
Una de las prioridades de la presidencia española de la UE, en palabra del presidente José Luís Rodríguez Zapatero, iba a ser el fortalecimiento de las relaciones entre Iberoamérica y el Viejo Continente, con especial hincapié en Cuba. No cabe duda de que en la Isla ha calado el mensaje, ya que se han apresurado a dar el primer paso de la manera que mejor saben: prohibiendo. Así hace unos pocos días el eurodiputado socialista Luis Yáñez veía cómo las autoridades castristas impedían su entrada en el país con la peregrina excusa de una presunta “aplicación de las leyes internas”; leyes que, por cierto, no afectaban a su mujer, la diputada española Carmen Hermosín.

A estas alturas, pocos serán los que se sorprendan con semejante modo de proceder. Desde la lógica del férreo totalitarismo que lleva oprimiendo a la isla desde hace más de medio siglo, cualquier atisbo de apertura sería el principio del fin. Como dijo Kant, la libertad es indivisible y, abierta una rendija, un vendaval de libertad penetraría en la Isla con la fuerza acumulada de más de 50 años comprimido, lo que conllevaría al inexorable fin del régimen castrista. De ahí la férrea postura cubana; su inmovilismo es su propia supervivencia. Pese a que aún haya un cierto sector de la izquierda europea que se empeñe en edulcorar cualquier declaración que provenga de La Habana, justificando lo injustificable. Al frente de ellos se sitúa Miguel Angel Moratinos, a la sazón ministro español de Asuntos Exteriores. Más de una voz en su propio partido aboga por una mayor firmeza ante los desmanes cubanos. Y tienen razón.

Es posible que el señor Moratinos persuada a la UE en el sentido de hacer concesiones para acercarse al gobierno cubano. Pero es seguro que el régimen cubano no se acercará a la UE; es decir, a la democracia. No se moverán un ápice. Ni siquiera se producirá la más mínima liberalización económica. Y los comunistas cubanos también tienen razón. Desde su punto de vista, claro. El inmovilismo es la mejor garantía del régimen totalitario para conservar el poder absoluto y arbitrario que controla a la Isla. Cualquier concesión será inútil porque sólo tendrá una dirección sin ninguna correspondencia. Por eso, ya va siendo hora de que, de una vez por todas, se acabe la complacencia con la dictadura más duradera y vergonzante de toda América.
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