El electorado catalán está dispuesto a dar una oportunidad al cambio, tres elecciones después de que el PSC le arrebatara el poder a CiU. Tan sólo una falta de acuerdo entre los de Artur Mas y el PP de Alicia Sánchez-Camacho, a tenor de los sondeos, podría evitar un vuelco en otoño. Montilla no se rinde y ha comenzado a desplegar su estrategia para que esto no ocurra.
José Montilla empleó su tradicional
discurso de Navidad a los catalanes en la defensa de su Gobierno. Para determinados sectores de la oposición, el presidente dio el pistoletazo de salida a la campaña electoral en un mensaje que se debe presumir institucional. 2010 será un año de cambios y no sólo por la resolución del
Tribunal Constitucional acerca del estatuto autonómico.
Convergència i Unió (CiU) aspira al poder, según encuestas de diversa procedencia, pero no podrá hacerlo en solitario. Mientras, los socios del
Partido Socialista de Cataluña (PSC)ponen condiciones a Montilla para revalidar el pacto y el Partido Popular (PPC) de
Alicia Sánchez-Camacho asiste ilusionado a un escenario que le otorga la llave del poder, tal y como ocurrió en el País Vasco, pero, en este caso, en favor de Mas. Cualquier otra opción "no tiene sentido", se aventuran a afirmar voces socialistas y populares autorizadas a
EL IMPARCIAL, en alusión a un pacto "a la vasca".
Si la tendencia en intención de voto se mantiene hasta el otoño, Montilla necesita, en este tiempo, asegurar el apoyo de
Esquerra Republicana (ERC) e
Iniciativa per Catalunya (ICV) e intentar y torpedear una coalición entre CiU y PPC, que, a día de hoy, daría el poder a
Artur Mas. La estrategia a seguir es convencer al votante de que las ofensas contra Cataluña requieren de un líder que congregue sensibilidades.
En este sentido, en el citado discurso navideño, el presidente de los catalanes apeló a la unidad para superar las cuestiones que ponen en peligro un autogobierno que, a su parecer, "ni comienza ni termina con una sentencia". Además, Montilla ha arrancado 2010 con una acción que han aplaudido de forma unánime los partidos defensores del nuevo
Estatuto de Autonomía, al enviar una misiva a 201 entidades para recabar su apoyo. El presidente de
Ciudadanos (C's), Albert Rivera, ha criticado este gesto porque, en su opinión, estas instituciones "tienen que mantener su autonomía respecto a las diferentes posiciones políticas", a la vez que considera que "Montilla quiere enterrar la pluralidad y convertir Cataluña en un régimen donde todos tengamos que pensar lo mismo".

Pero, de nuevo, el problema socialista reside en
CiU y
PPC. Los apoyos del PSC son débiles y no suman una mayoría. Según las encuestas, el Ejecutivo tripartito se encuentra en su momento más delicado, no tanto por la pérdida de peso de los socialistas como por la caída libre de
ERC.
Es difícil el equilibrio para el socialista. Debe agradar a los suyos pero desechar todo aquello que suene a consulta, después del escaso éxito del
referéndum pro independencia al que fueron convocados 700.000 catalanes y de los cuales la cifra de votantes apenas se aproximó al 40 por ciento.
ERC consultará ahora a cerca de 250.000 cargos, militantes y simpatizantes sobre las condiciones a imponer al PSC para afianzar el pacto de cara a los comicios. En caso de que ERC recupere la confianza perdida de miles de catalanes en los últimos años, y como anunció hace pocas fechas su portavoz parlamentario
Joan Ridao, los republicanos impulsarán una consulta de autodeterminación a gran escala. Si Montilla no acepta las condiciones, según confirman fuentes de
ERC a este periódico, los ahora socios no tienen "problema" en pasar a la bancada de la oposición, afirmación que responde al enfado, aún candente, provocado por la especial dedicatoria navideña de Montilla a los nacionalistas, al decir que buscan "retroceso y buscar falsos atajos".
ICV, el tercero en esta relación, parece más abierto al acuerdo y tan sólo lo supedita a priori a que queden vetados pactos sólo de ERC y PSC.
Joan Herrera, voz en el Congreso de los verdes, sentencia que "un Gobierno a tres ha de compartir", y es algo que ha echado de menos en los últimos movimientos del Gobierno que integran.
La aritmética es favorable a los intereses de
Artur Mas y los escaños del tripartito insuficientes para alcanzar una mayoría absoluta. Numerosas encuestas de toda índole publicadas en los últimos dos meses en Cataluña acentúan los apuros del
PSC para sostener su poder en
ERC e
ICV. CiU obtendría en torno a 56-58 escaños y el PPC crecería de los 14 actuales a 15-16 asientos en el Parlamento autonómico, en una suma que superaría los 68 diputados necesarios para blindar el poder en Cataluña. Montilla perdería uno o dos escaños de los 37 actuales, ERC se dejaría en el camino hasta seis de los 21 con los que cuenta e ICV uno o dos de los 12 que ostenta. En el mejor de los escenarios para el PSC y con datos de enero –aún resta un largo camino hasta noviembre, previsible fecha de los comicios-,
Montilla apenas acumularía 62 escaños, seis menos de los 68 que exige la mayoría absoluta.
Es por esto que Montilla ya haya arrancado la campaña en un año que considera "decisivo y que marcará el futuro de una generación".
Artur Mas, en su tercera tentativa tras recoger el testigo de
Jordi Pujol, cree que ha llegado el momento de "reflotar el barco". Pero no podrá hacerlo solo. Aunque el líder convergente no quiera hacer alusión a futuros pactos, sabe que el PP tiene, a día de hoy, la llave a la
Generalitat.