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Cruel rumor sobre la salida de Zapatero

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 12 de enero de 2010, 22:47h
Dice el entorno de Zapatero, es decir, Zapatero, que no se irá hasta que logre resolver la crisis. Enternecedora vocación de servicio hacia los españoles de este presidente, que es como los marines, que no dejan nunca atrás a los compañeros heridos. Lo que sucede en el caso de Zapatero es que primero dispara contra los suyos, y después decide curarles. O, más bien, niega haberles disparado después de hacerlo, espera a que se curen solos, y pretende ser el héroe que los rescató.

Pero no se tome esto como crítica. Realmente es admirable este presidente del Gobierno que es capaz de culpar al mundo entero de sus problemas (la crisis internacional, ya saben), que convive tranquilamente con ellos (más de cuatro millones de parados) y que tiene la soltura simultánea de presentarse como salvador de la Patria. Y a fe que todo esto lo hace muy bien, porque da el pego a una montaña de españoles, incluidos los parados.

Los modestísimos rumores de sucesión zapateril, clásica historia que surge en la mitad blandita de las legislaturas, cuando uno no tiene una mala elección que llevarse a la boca, han sido, pues, rápidamente apagados. Una crueldad política para que la gente se ilusionara, y después se llevara el chasco.

Zapatero, como un misionero, o como un mártir, o como un misionero mártir, quiere sacrificarse por nosotros. Qué digo por nosotros, los españoles. Lo quiere hacer por nosotros los europeos, a quienes también está dispuesto a rescatar de la crisis en los seis meses de la presidencia o copresidencia española de la UE.

El problema imprevisto que ha surgido es que, mientras los españoles ya conocíamos a Zapatero, y estábamos acostumbrados a sus ingentes proyectos universales, siempre imaginativos y brillantes y nunca aplicados o aplicables, los pobres restantes europeos todavía no conocían al personaje. Y que mientras los españoles aceptamos a los gobernantes como parte del castigo que nos merecemos (no se sabe muy bien por qué), los demás europeos, o al menos los representantes de ellos, no entienden por qué les tiene que caer encima el baldón zapateril.

Quizá tenga esto que ver con el componente católico que tenemos, que indica que la tierra es un valle de lágrimas, mientras que esos herejes protestantes de ahí afuera, sobre todo los alemanes, piensan que hay que librar en vida las batallas terrenales. Sin duda por eso se han puesto como hidras ante la primera ocurrencia de Zapatero sobre la sanción a quienes se salgan de la recta senda europea de salida de la crisis… propuesta por el propio Zapatero.

Esta realista Europa es insoportable. Los americanos aceptan más a los telepredicadores, y por eso parecía que la conjunción planetaria con Obama iba a subir a los altares internacionales a nuestro líder nacional. Pero no. Los aguafiestas europeos, que no son todavía capaces de tomarse a broma a Zapatero, se han escandalizado. Y esa es la parte peor del asunto, porque a los españoles nos gusta lavar los trapos sucios en casa, y no nos gusta hacer el ridículo fuera. Por lo que nos da profundo alipori exponer ante la opinión pública mundial al líder socialista mentor de la alianza de las civilizaciones.

Mientras Zapatero sólo gobernaba España (es un decir), los líderes vecinos se las tenían felices. De la batalla de Niza, con un Aznar correoso capaz de enfurecer y, más aún, desequilibrar los núcleos de poder del centro hacia la periferia de la UE, al cómodo retorno a la hegemonía del eje franco alemán, medió esta presidencia española de Zapatero deseoso de cariño, personaje solitario en cumbres y reuniones, analfabeto internacional durante un cuatrienio.

Pero, ahora esto es diferente. A Zapatero le ha tocado la presidencia de la UE que sin ser importante por lo que se hace en esa etapa, es absolutamente trascendental por lo que en ella se puede deshacer. Por ejemplo, cabrear a propios y a extraños (es decir, descoordinar Europa) planteando los asuntos más sensibles (sin ir más lejos, Cuba).

El mero hecho de usar la clásica demagogia pseudoutopista (“la Tierra no es de nadie, sólo del viento”) o genialidades como hablar del “corazón de Europa”, ya pone los pelos de punta a los pragmáticos europeos. Si Moratinos se contagia, y arranca el semestre español al grito de “¡a por ellos!” de la selección, estamos en el camino de ahogarnos en vergüenza ajena.

Hay líderes, en efecto, que hay que guardarlos como oro en paño. Que no les dé la luz. Zapatero es un gran activo electoral para los socialistas. Por su bien, deberían pasearlo lo justito, porque la gente del otro lado de los Pirineos no es tan comprensiva como el electorado español que, siempre que puede, no pierde la oportunidad de perder una oportunidad.

En realidad, todo es muy sencillo. Si Zapatero se callara, y no tuviera que hablar siempre como un iluminado que va a cambiar la Historia en el próximo cuarto de hora, el propio peso (demográfico, empresarial, cultural, social) de España le daría una posición respetable, e incluso de golosa asociación. Pero para ello hace falta una prudencia insólita para nuestro voluntarioso líder que, siendo incapaz de tener una idea clara sobre España, quiere encima aparentar que la tiene sobre Europa.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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