www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Para una vez que acierta Rajoy...

José Antonio Sentís
x
directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 19 de enero de 2010, 22:58h
Hace tiempo que se sabe que los principales enemigos de Rajoy están en su entorno ideológico. Los demás son sólo adversarios, pero quienes le tienen verdadera inquina no están en montañas lejanas ni en desiertos remotos, que diría Aznar.

Por eso, a Rajoy no le pasan una. Y no es que sea malo ser exigente con un líder político, pues siempre hay que pedirle lo máximo. Lo que no es obligatorio es buscarle siempre las vueltas.

Por ejemplo: Rajoy ha acertado al tomar la iniciativa sobre la propuesta de pacto educativo. Y eso es notica, porque el PP es una maquinaria bastante seria, pero bastante lenta. Y, en cuestión de iniciativa, suele perder ante la agilidad socialista, que es una maquinaria bastante frívola pero bastante rápida.

La prueba de que ha acertado es lo mal que le ha sentado a los socialistas que Rajoy ponga sus cartas sobre la mesa cuando el Gobierno todavía no ha sabido enunciar una sola propuesta educativa, sino únicamente la necesidad de encontrarla. Algo, por otro lado, habitual en el Gobierno, que piensa que los problemas se resuelven hablando, aunque no sepan muy bien qué decir, como en el llamado diálogo social.
Sin embargo, entre los presuntos partidarios del centro derecha, la posición de Rajoy ha rozado la traición. Y no se sabe muy bien si por admitir ahora la asignatura de Educación para la Ciudadanía que en otra época rechazó (aunque Rajoy ha afirmado que quiere cambiar su contenido) o por el propio hecho de ser proclive a un pacto con el Gobierno. Cualquier pacto.

Pese a este celo vigilante de la escuadra de la derecha, Rajoy ha acertado en las grandes líneas, en esta ocasión. Porque lo que Rajoy no podía admitir es asociarse a un pacto sobre la Educación con el Gobierno bajo la imagen de que ha sido arrastrado por éste desde la intransigencia cavernícola a la racionalidad socialista. Que es lo que sucede siempre que alguien quiere pactar algo con el PSOE.
Por el contrario, ante la opinión pública ha quedado claro que el envite es de Rajoy, y que la pelota está en el tejado socialista. Si quiere el pacto, que se sume a la iniciativa del PP. Y, si no, la intransigencia, la falta de sentido de Estado, será suya, de Gabilondo y de Zapatero. En suma: de no haberlo hecho así, un pacto entre oposición y Gobierno siempre beneficia al poder.

Obviamente, se trata de juegos políticos. Los principios no están exactamente en juego, pues si no les gusta a ustedes los que los políticos pregonan, no pasa nada. Pueden tener otros, que diría un marxista. Es decir, que se puede renunciar a condiciones irrenunciables, como se puede abrazar planteamientos antes impensables.

Pero no es sólo eso, en este caso. El PP ha introducido una carga de profundidad difícil de esquivar en el asunto educativo: el castellano generalizado en la educación española, como derecho, y no como exotismo. Algo, como se ve, revolucionario, y que levantará ampollas: la posibilidad de que se pueda estudiar en España en español (¡adónde vamos a parar!).

Y no sólo: también se aprecia un regusto a la Ley de Calidad de la Enseñanza, aquélla que se cargó Zapatero en el minuto uno de su llegada a Moncloa, y que ahora emerge con otros presupuestos, pero que tiene un punto de bofetada retroactiva al sectarismo socialista.
El esfuerzo, el control de las etapas educativas, la autoridad del profesor, el derecho a la elección de centro… En fin, es difícil no ver sentido común desde las posiciones liberal conservadoras a la propuesta de Rajoy, que no son un sapo que tragar más que para aquellos que han hecho de la educación en España un verdadero cachondeo.

¿Hubiera tenido Rajoy que subirse al monte en este asunto? No parece lógico. Más sentido ha podido tener utilizar la técnica de las artes marciales: echarse a un lado para que la fuerza del enemigo lo autoderribe. Es decir, ponerse de perfil en Educación para la Ciudadanía y sólo tratar de cambiar sus contenidos progres por enseñanzas constitucionales.

Otra cosa es que ese propósito se pueda lograr con el PSOE en el poder, puesto que para la izquierda, la educación siempre ha sido, en parte, adoctrinamiento. Y más para Zapatero, que busca el hombre nuevo socialista, la familia nueva, el matrimonio nuevo y hasta la Iglesia nueva (que debe ser como la americana ésa que le invita a desayunos de oración, y mira que Zapatero tiene templos para orar en España, que no se entiende que se tenga que ir a rezar un padrenuestro a Estados Unidos).

Pero quizá Rajoy ha pensado que puede ser él quien administre un pacto educativo, y por eso se juega el órdago de admitir la escabrosa asignatura pensada para la ingeniería social zapateril, ésa que da saltitos de gozo cuando se aprueba el aborto libre, o gime de alegría cuando dos señores o dos señoras deciden pasear bajo los granitos de arroz a la puerta del juzgado.

En todo caso, Rajoy ha estado hábil y ha aprovechado que si Zapatero está habitualmente despistado, mucho más lo está ahora, que tiene que viajar por Europa (de éxito en éxito, hasta el ridículo final).

Rajoy las va a pasar canutas hasta el fin de la Legislatura. El PSOE es adversario correoso. Precisamente por eso no hay que hurtarle los momentos de gloria. Al menos, no deberían hacerlo los suyos. Y hay una clave detrás de todo, incluso de los aciertos. Rajoy circula con la moral alta, de la misma manera que Zapatero transita con la cabeza hundida. Por eso, los errores de aquél se empequeñecen y los de éste, el presidente del Gobierno, se agrandan, si ello es posible.

La primera condición de la victoria es la voluntad de vencer. Es posible (más bien probable) que Rajoy, el tan exasperante Rajoy para muchos de los suyos, crea en su éxito. A lo que ayudaría, quizá, que se olvidara del monoargumento de la crisis que puede terminar convirtiéndole en un cenizo, y lanzara, como ha hecho en Educación, su Gobierno en la sombra que anime a muchos desesperados a pensar que el vuelco del zapaterismo es posible.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios