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exposición en londres

Van Gogh, el artista incansable marcado por la leyenda de genio loco

jueves 21 de enero de 2010, 11:14h
Vincent Van Gogh vivió convencido de la valía de su hermano Theo pero no de la suya. Comenzó a pintar a los 27 años y se suicidó a los 37. En esos diez años, firmó 800 lienzos. Escribir también estaba entre sus ocupaciones. Las 900 cartas que envió a familiares y amigos dan cuenta de ello. Sus obras y su correspondencia invitan a adentrarse en la inquietante personalidad de un artista conocido como el “loco pelirrojo que se cortó una oreja”.
Invitó con su obra pictórica a viajar entre paisajes, retratos y escenas cotidianas. Vincent van Gogh miraba por una ventana de París, Londres, Amberes o Arles y pintaba. Lo hizo con tal dedicación que, en diez años de producción, llegó a pintar 800 lienzos, que algunos elevan a 2.000. La escritura también estaba entre sus quehaceres habituales. Contaba con detalle a su querido hermano Theo sus miedos, sus éxitos y sus romances. A otros artistas, como Émile Bernard o Paul Gauguin, sus inquietudes artísticas.

No fue hasta los 27 años cuando Van Gogh se decidió por la pintura. Desde los 15 años, su talento se mantuvo latente a expensas de la paciencia de su hermano Theo, que aguardaba convencido de lo que el destino deparaba a Vincent. No hay duda de que la profesión de Theo, marchante de arte, fue fundamental para que el artista generara tal volumen de obras, a cada cual de mejor calidad. Así pues, siempre que el genio holandés necesitó pinturas o alquilar un taller, el buen Theo se lo proporcionó.

Carta 252 de Van Gogh a su hermano Theo. Agosto 1882. (© Van Gogh Museum. Amsterdam)
Fue a él a quien dirigió las dos últimas cartas que escribió en la víspera de su suicidio. Corrían los últimos años de la década de los 80. Pasado el incidente de la oreja con Gauguin y su ingreso en varios hospitales, Van Gogh se sentía ya vulnerable aunque no derrotado. Su estancia en Auvers-sur-Oise fue fructífera, ya que su actividad pictórica se reactivó y ejecutó algunos de sus lienzos más destacados como “Campo de trigo con cuervos”. Sin embargo, las fuerzas del compulsivo artista flaquearon para por fin cesar en el verano de 1890.

El artista que murió entonces demostró en vida una garra digna de admiración. Pintó hasta la saciedad y participó en la evolución de las técnicas pictóricas. Su inestabilidad emocional no impidió que fuera un artista disciplinado y organizado. Conocer la obra de los impresionistas le brindó la posibilidad de ampliar su paleta de colores, algo oscurantista en aquel momento, pero también para avanzar sobre lo que había presenciado y aportar nuevos puntos de vista. Fue un maestro del amarillo, verde y azul, considerado uno de los artífices de los primeros pasos del expresionismo y el simbolismo.

Autodidacta, comprometido y solidario, Van Gogh tuvo presente las diferencias sociales. De la mano de su admirado Millet, pintó a campesinos, mineros y trabajadores de toda índole. También se retrató a sí mismo; lo llegó a hacer 27 veces. Y pese a que la leyenda de genio loco le ha perseguido desde su muerte, lo cierto es que Van Gogh sirvió de inspiración para otros artistas y continúa despertando la admiración de quienes hoy visitan museo a museo su obra.

El artista que recibió al nacer los mismos nombres que un hermano fallecido un año antes y que murió sin conocer su importancia para la historia del arte es el protagonista de una exposición en la Royal Academy de Londres, desde este sábado hasta el 18 de abril, donde han sido reunidas 35 cartas originales, 65 pinturas y 30 dibujos.


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