Algunas reflexiones sobre las relaciones entre México y España
domingo 31 de enero de 2010, 17:23h
México no puede entenderse sin España y España puede entenderse mucho mejor si mira hacia México, porque es verse en un espejo histórico.
México es el país con más personas hispano-parlantes en el mundo y a la vez es el país con más etnias indígenas diferentes entre sí en todo el continente americano.
Un embajador español en México me decía hace ocho años, que su estancia en mi país le había servido para comprender mejor a España, que había aprendido no sólo algunos mexicanismos, muchos de ellos de origen náhuatl o maya, sino que apreciaba que el antiguo español, el que hablaban Cervantes y San Ignacio de Loyola, se quedó en México, y es verdad. En México hay palabras vivas del antiguo castellano que no se hablan hoy en España.
De ahí que las relaciones más interesantes entre México y España sean precisamente las de carácter cultural. ¡Qué bueno que los dos países mantengan intercambio económico intenso y que la energía entre nuestros políticos sea positiva! ¡Pero me da más gusto por ejemplo, que un escritor mexicano como José Emilio Pacheco vaya a recibir el próximo 23 de abril el Premio Cervantes!
Es interesante que haya bancos españoles en México, como Bilbao Vizcaya y Santander, que haya inversores –del otro lado del Atlántico les llamamos inversionistas- españoles en México, ¡pero me da más gusto ver libros impresos en Madrid, Barcelona y Bilbao de excelente literatura española! Me da gusto ver partidos de fútbol de la liga española, pero me da más orgullo la herencia que dejaron los exiliados españoles que fueron más de 25 mil personas en México.
Si bien las relaciones diplomáticas entre México y España se restauraron en 1977, para mí su gran fulgor comenzó cuando el gran poeta Octavio Paz recibió el Premio Cervantes en 1981. Desde entonces nuestros países están más unidos, convocados a luchar por los derechos humanos y la democracia, en contra del terrorismo y la delincuencia organizada.
Quiero terminar este artículo con el recuerdo muy grato que viví en Bilbao, concretamente en la Sociedad El Sitio donde pronuncié un discurso sobre los exiliados españoles en México y que la concluí con un poema que me salió del corazón. Aquel poema de septiembre de 2006 lo comparto con mis amigos lectores de El Imparcial:
La memoria nos permite vivir,
todos hemos sufrido el horror
de las guerras y las dictaduras,
los niños españoles exiliados
le dieron la mayoría de edad política
a México,
los adultos españoles
le dieron a su nueva patria otra vez un rostro infantil.
El país revolucionario guardaba la pólvora y
mostraba los pañuelos,
los mexicanos salíamos de un laberinto hecho
de siglos cargados de amargura
y nos encontramos con la historia en el presente,
en realidad estábamos exiliados dentro de nosotros mismos
veinticinco mil españoles que huyeron de la guerra
se volvieron navegantes como Colón,
y atravesaron un largo camino azul
para alzar las miradas hacia los volcanes
eternos vigilantes de la antigua Tenochtitlan.
El equipaje de los exiliados se redujo a un
estuche impregnado de dignidad
donde sólo cabían trabajo y cultura.
La memoria nos permite vivir, es decir,
llorar y reír, gritar y callar.
La memoria nos permite estar aquí juntos,
volví a Bilbao sólo con imaginación.
He dado una vuelta más al mundo,
estamos en el desexilio, un pequeño paraíso
que nos reservó la historia.
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Profesor de Derecho
Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.
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