Hace 116 años nació en Nueva York quien fuera un ilustrador, fotógrafo y pintor célebre por sus imágenes llenas de ironía y humor. Su trabajo más importante fue en el Saturday Evening Post, con el que colaboró durante 47 años.
Desde pequeño,
Norman Rockwell dio muestras de un
gran talento para el dibujo. Alrededor de 1908, descubrió en la ilustración
su verdadera vocación, por lo que decidió asistir todos los días, desde ese año, a las clases de arte de la
Chase School en Manhattan.
A los quince años, abandonó definitivamente estos estudios para ir a la
National Academy School, donde hacía copias de vaciados en yeso, costumbre propia de muchos artistas del siglo XIX, a modo de aprendizaje.
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En 1910, Rockwell se trasladó a la
Art Students League, donde aprendió anatomía e ilustración, perfeccionando sus conocimientos previos, con maestros como George Bridgman o Thomas Fogarty.
Su carrera se verá para siempre inmortalizada por su empleo como ilustrador oficial del
Saturday Evening Post, para la que trabajó durante 47 años.
Sus portadas, anuncios e ilustraciones fueron repetidas e imitadas hasta la saciedad, símbolo del típico ilustrador virtuoso norteamericano: hizo publicidad para McDonald´s o Coca-cola, cereales, chicles y neumáticos, entre otros.
También la Segunda Guerra Mundial ocupó una buena parte de la obra de Rockwell, que la supo plasmar, a veces en sus horrores, pero siempre en sus momentos más íntimos -como el de una madre con su hijo vestido con el uniforme de la Fuerza Aérea, pelando patatas en la cocina de casa- y en sus picarescas.
También destacan los óleos dedicados a la Navidad.
Finalmente, Rockwell se afincó en Stockbridge, donde murió el 8 de noviembre de 1978.