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¿Es posible la protección de datos?

miércoles 03 de febrero de 2010, 19:31h
El pasado 28 de enero fue el Día Europeo de la Protección de Datos. Según la AEPD, un dato de carácter personal es “cualquier información que permita identificarte o hacerte identificable”. Igualmente, el derecho fundamental a la protección de datos “reconoce al ciudadano la facultad de controlar sus datos personales y la capacidad para disponer y decidir sobre los mismos”.

Con motivo de este día, los medios de comunicación nos recordaron la fragilidad de los entornos tecnológicos con los cuales interactuamos en la Era de la Información. Y al respecto surgen los mismos temores de siempre sólo que adaptados a los nuevos avances: proteger nuestro dinero y a nuestra familia. En temas tanto de protección de datos como del polo opuesto, es decir, las necesidades de transparencia, se alude siempre a los “monstruos verdes”. Por una parte tenemos al informático perverso, probablemente originario de alguna república ex-soviética, que se ha pasado al “lado oscuro” y trata de suplantar nuestra identidad para meter un mordisco en nuestra cuenta bancaria a través del hiperespacio. También encontramos a malvados secuestradores mejicanos o colombianos haciendo acopio de información publicada en la red para planear el rapto de alguno de nuestros familiares. O marginados de mentes sicalípticas que intentan contactar con nuestros hijos para acosarlos o chantajearlos. Pero por la otra parte, es decir, argumentando la necesidad de ser monitorizados y transparentes, encontramos además a terroristas de toda clase a quienes tenemos que agradecer que se creen protocolos sobre nuestras actividades telemáticas.

Toda esta gente no es mala, es malísima, pero lejos de negar el riesgo que puedan suponer me veo en la necesidad de plantear algunas preguntas: ¿Quién nos protege de nosotros mismos? ¿Quién nos protege de la acumulación sistemática de datos de carácter personal por parte de empresas y organizaciones estatales y supraestatales? ¿Por qué no controlamos la creación de dispositivos y sistemas que generan un tráfico descontrolable de información para no tener que estar después haciendo advertencias sobre su utilización?

El derecho fundamental a la protección de datos no es más que una mera utopía. Si de verdad pensamos que existe la posibilidad de “controlar, disponer, y decidir” sobre nuestra información, es que no sabemos dónde vivimos. Si el petróleo es “oro negro”, los datos de carácter personal son “oro digitalizado”. En el capitalismo informacional, la productividad y la competitividad dependen de la capacidad para generar, procesar y aplicar la información y el conocimiento. Igualmente, la capacidad de un Estado para ejercer el monopolio de la violencia física y simbólica, entre otras funciones, está vinculado a sus posibilidades de obtener información sobre sus ciudadanos. Y si aludimos a una tercera dimensión, hemos de decir que la capacidad de un individuo para llevar a cabo una vida social normalizada, depende cada vez más de su predisposición a producir y consumir información, es decir, compartir y obtener datos.

Tanto a nivel económico como político y social, renunciar a una parte de nuestra intimidad supone obtener a cambio ciertas ventajas. Así que quizás la pregunta no sea si la protección de datos es posible, sino hasta qué punto queremos llevarla a cabo.

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