El chantaje de los controladores aéreos
jueves 04 de febrero de 2010, 03:25h
Últimamente volar está dejando de ser un placer. Aparte de los tediosísimos –a veces humillantes, por más que imprescindibles- controles de seguridad, el aumento de operaciones de tráfico aéreo ha redundado en un incremento de la impuntualidad media. El problema se agrava si algún colectivo especialmente poderoso quiere llevar a cabo alguna reivindicación, como pilotos y controladores aéreos. Estos últimos son los actuales protagonistas del conflicto que amenaza con paralizar los aeropuertos españoles en Semana Santa, ya que su sindicato ha anunciado la ruptura de las negociaciones con Aena y ha dejado entrever que en los próximos días pueden producirse retrasos y cancelaciones.
Fue el ministro de Fomento, José Blanco, quien abrió la caja de los truenos al denunciar públicamente la situación salarial de los controladores aéreos y culpándoles a ellos prácticamente de lo elevado de las tasas aeroportuarias españolas. Teniendo gran parte de razón en el fondo, quizá Blanco no debió ponerles a los pies de los caballos; no suele ser buena estrategia criminalizar públicamente a aquel con quien posteriormente se pretende negociar. Pero ello no obsta a que el régimen salarial de los controladores aéreos esté absolutamente sobredimensionado, superando con mucho la media de sus colegas europeos. Solo la partida presupuestaria destinada a pagar sus nóminas en el presente año rebasa los 900 millones de euros, algo a todas luces exorbitante. Hace bien el Gobierno en intentar revertir una situación, la de la remuneración de los controladores, en la que ni debe ceder ni debe caer en simplificaciones tales como afirmar que sus costes salariales son los responsables únicos de que los billetes sean más caros.