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Caminos laterales

Juan José Solozábal
jueves 04 de febrero de 2010, 18:38h
Reconozco complacido mi coincidencia con dos apreciaciones bien inteligentes de Jose María Ridao. Le oigo denunciar la vuelta de los esencialismos como expresión del momento de crisis de nuestro Estado autonómico. Cuando las preguntas por la identidad, por el respeto de la dignidad del grupo, la nación o lo que sea, se repiten con insistencia y angustia. Ya sabemos que hay algo de impostado en esta actitud, que la gente está a otras cosas, afortunadamente, pero el discurso público aparece saturado de este tipo de literatura, casi noventayochista, pertinaz y monótona. Señor, qué murga.

Soy, en efecto, partidario del abordaje lateral, no frontal de las cuestiones. Evitando la radicalidad, el fondo, la traslación directa de la elementalidad en el planteamiento de los problemas, si quieren verlo así, la sinceridad. Estoy en efecto, con Canetti, a quien alude con frecuencia el maestro Aguilar: es preferible el enfoque torcido o mejor, lateral. Sin duda ha sido un acierto hasta ahora que en nuestro sistema autonómico se aceptara la presentación jurídica de los problemas entre el Estado y las Comunidades Autónomas, no como lo que eran realmente, como disputas políticas, de raíz identitaria, sino como lo que parecían ser, disputas técnicas, colisiones de competencias. Ciertamente, para las Comunidades Autónomas, las competencias se reclaman en ejercicio del autogobierno, en cuanto instrumentos necesarios para la preservación de la propia identidad, pero admitiendo una solución pacificadora que no se considera en clave política -como imposición de un poder externo o como victoria ante el enemigo de la autonomía- sino de manera exclusivamente jurídica. Baste comparar lo que son casi treinta años de funcionamiento normalizado, en donde se acepta la resolución de los conflictos territoriales a través de las decisiones incontestadas del Tribunal Constitucional, con lo ocurrido durante la Segunda República. Recuérdese en efecto cómo, al poco de la declaración de inconstitucionalidad de la Ley catalana de Cultivos por el Tribunal de Garantías en 1934, la Generalitat vuelve a hacer aprobar una ley equivalente a la anulada inmediatamente antes por dicha instancia jurisdiccional. El sistema del Estado integral republicano había saltado por los aires.

El segundo ejemplo de coincidencia con José María Ridao, como muestra de ese enfoque lateral de las cuestiones, tiene que ver con una inteligente reseña que ha hecho sobre un libro importante acerca de la historia de los derechos humanos que acaba de publicar en el suplemento Babelia del País. Se trata de La invención de los derechos humanos de Lynn Hunt. Si yo he entendido bien lo que se propone en este libro no es un estudio desde dentro, diríamos propiamente jurídico de la problemática de los derechos fundamentales, lo que es difícil de llevar a cabo sin un refinamiento metódico, que implica el progreso en el conocimiento del tema, pero que a su vez conlleva la especialización y el estrechamiento del círculo de los interesados en la materia. Lo que el libro propone es un acercamiento a la cuestión desde su contexto, que no es otro que el momento de fijación de los derechos en las declaraciones del constitucionalismo revolucionario ilustrado a finales del siglo XVIII en Francia y Estados Unidos, tras sus correspondientes revoluciones. Lo que se trata es de registrar una transformación en el ambiente que propició el cambio de mentalidad, sin el que las declaraciones de derechos no habrían tenido lugar. Dicho cambio de mentalidad es el resultado de la empatía humanista y el ensanchamiento del “umbral de la vergüenza” que trajeron obras como la novela epistolar, así la Pamela y Clarissa de Samuel Richardson o Julia de Rousseau y publicaciones en el campo del derecho penal como De los delitos y las penas de Cesar Beccaria. Sin el nuevo contexto que estos libros testimoniaban o propiciaban, las oportunidades para el tiempo de los derechos en el que la humanidad entraría no se habrían producido.

Es cierto entonces que los avances llegan, como los caminos del Señor, torcida o lateralmente, como dice Canetti.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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