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¿Tiene la crisis puerta de salida?

jueves 11 de febrero de 2010, 14:16h
Aún no ha tocado fondo la crisis y no se aprecia ninguna luz en el inmenso túnel en el que está enterrada la economía española. Más todavía, no es que la crisis tenga alguna fecha posible de caducidad sino que –aunque se adopte ya alguna medida quirúrgica –ni en varios lustros retornaremos a una situación análoga a la de partida. Estamos extenuados de que nos devoren los mapaches, que son los animales que en Japón se asocian con la locuacidad vacía.

No. La sociedad española no merece convivir con la parálisis ni con el maquillaje superficial que le llevan a contemplar el futuro sin optimismo. El drama que estamos viviendo con un Gobierno debilitado, una oposición a la espera, una clase empresarial en concurso, unos sindicatos ensoberbecidos en su poltrona, más de cuatro millones de parados, provoca una total ausencia de expectativas en una sociedad absolutamente desorientada, que se encuentra en el más absoluto desasosiego. Y todavía se pueden poner las cosas –siento ser sincero (que no agorero)- notablemente peor, arrastrados por la mermada credibilidad internacional. Y ello sin citar el crack que va a hacer el insostenible modelo territorial en el que nos hemos metido y del que parece muy complicado salir a flote, como comentaba en una inteligente y fresca tercera de ABC su Director, Ángel Expósito.

Basta ya de fotografías aterciopeladas.

No podemos seguir regodeándonos en la crítica clamorosa y progresivamente generalizada con independencia de credos políticos. La salida no admite dilaciones. El Gobierno parece tener fe en sus posibilidades de restaurar la situación y todo lo más discute sobre una hipotética remodelación parcial. No han hecho mella en el mismo las voces –cada vez más fuertes- a favor de un Gobierno de concentración nacido de un pacto previo de mínimos centrado en la recuperación económica, el famoso pacto de Estado. Es a todas luces impensable un Gobierno de gestión presidido por una personalidad reconocida del PSOE (no citaré nombres para no quemarles). Resulta un puro imaginarium, tal y como está ideada constitucionalmente, que una moción de censura conduzca a un Gobierno de otro color pues a la oposición no le salen las cuentas.

Y, en fin, también parece imposible, la disolución parlamentaria y la convocatoria de elecciones. Como escribió el maestro Maurice Duverger, uno de los grandes nombres del constitucionalismo del siglo XX, la disolución es el instrumento para dar la palabra al soberano, al pueblo, en el momento en que los gobernantes, sea por falta de acuerdo, sea por la aparición de un problema nuevo y grave, entiendan necesario realizar esta consulta antes de comprometer el destino de la colectividad. Pero claro, ésta es la opinión de un clásico.

¿La puerta de salida? ¿Y usted me lo pregunta? Nada cambia sino que todo sigue igual.
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