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LAS LÁGRIMAS DE JOSÉ BLANCO

viernes 12 de febrero de 2010, 12:49h
Mi opinión sobre José Blanco mejora día tras día. No le queda otro remedio que ser el eco de Zapatero, que apoyar, justificar, interpretar las ocurrencias y aflatos de su jefe. Pero habrá que convenir que cada vez lo hace mejor, que su dialéctica es precisa y convincente, que suele ser suave en la forma y muy duro en el fondo, que sabe lo que dice y sabe cómo decirlo.

     José Blanco es, en estos momentos, uno de los valores más sólidos del PSOE. Conoce a fondo el partido, se ha estudiado muy bien su ministerio y es el mejor portavoz de la política gubernamental. Está haciendo una espléndida gestión, sorteando como puede, las contradicciones, las ligerezas, los errores que le vienen impuestos.

     Escribo estas líneas porque me han impresionado las lágrimas de José Blanco, derramadas en público, sentidas y emocionadas, en solidaridad con los desfavorecidos. No hubo ni trampa ni cartón. No se trataba de instrumentar un show en una escenografía propicia. No. Fue la reacción de una persona noble y sensible ante la desgracia y el dolor ajenos. He tenido tantas ocasiones de hacer crítica de la política y las intervenciones de José Blanco, antes de ser ministro, también ahora, que la objetividad exige reconocer todo lo que digo en este artículo escrito al aire libre. En el ejercicio del contrapoder, el periodista tiene la obligación de denunciar al poder cuando el poder abusa; de criticar al poder cuando el poder se equivoca. También de elogiar al poder cuando el poder acierta. No quiero regatear hoy mis elogios a la nobleza de un político socialista capaz de sentir y sufrir con el dolor de los demás.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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