crítica
[i]The Road[/i]: cuando el fin del mundo no llega para todos
sábado 13 de febrero de 2010, 12:43h
O, más bien, no llega para todos al mismo tiempo. En The Road, dirigida por el australiano John Hillcoat, la lenta agonía y deshumanización de los que han tenido la suerte o la desgracia de sobrevivir al desastre ambiental que está destruyendo irremediablemente el planeta y su lucha por sobrevivir constituyen el núcleo argumental de este sobrio y angustioso drama basado en la novela homónima de Cormac McCarthy, ganadora del Pulitzer en 2007.
La apocalíptica historia, con guión de Joe Penhall que respeta en lo esencial la obra de McCarthy, arranca precisamente con la escena en la que una joven y feliz pareja a punto de tener su primer hijo, interpretada por Viggo Mortensen y Charlize Theron, se plantea un futuro más que incierto sobre una Tierra que ya nunca volverá a ser la que era. Desde el principio, él está dispuesto a luchar para sobrevivir junto a su familia, mientras que ella malvive sin esperanza, obsesionada con la idea de acabar cuanto antes una existencia a la que no encuentra sentido y no alargar un sufrimiento inútil que siempre va a ir a más. Es esta diferencia en la forma de encarar el desastre la que marca el inicio de la acción y coloca al espectador en uno o en otro lado de la complicada decisión.
Y una vez tomada, si se ha optado por luchar como en el caso del padre, lo que toca es ponerse manos a la obra. Acompañado por su hijo, papel que interpreta el joven actor australiano Kodi Smit McPhee, que ya tiene 10 años pero que nunca ha conocido el mundo como era antes de los numerosos terremotos, incendios espontáneos y bajas temperaturas que han arrasado todo lo que la inteligencia humana había ido construyendo, el personaje maravillosamente interpretado por Mortensen se echa a la carretera con un objetivo: llegar al mar, y tres preocupaciones básicas: la comida, el frío y los zapatos. También la de escapar de las bandas de caníbales que acechan en cualquier rincón. Pero lo que, sin duda, diferencia la lucha de este padre de la que han emprendido otros que también recorren las desoladas carreteras en busca de algo o alguien que llevarse a la boca, es su inquebrantable intención de mantener un grado de honradez y moralidad para no perder la humanidad y transmitir estos valores a su hijo.
En su eterno deambular por tenebrosos paisajes de un magnético gris, muy logrados gracias a la fantástica fotografía de Javier Aguirresarobe que hace de la cinta un trabajo visualmente muy conseguido, padre e hijo se encuentran con otros personajes como el interpretado por Robert Duvall, un anciano al que le quedan ya muy pocas opciones o el ladrón al que da vida Michael K. Williams y que protagoniza una de las escenas más impactantes de este largometraje que se ve de principio a fin con el corazón encogido.