ROUCO, ANTE ZAPATERO, FRENTE A ETA
miércoles 05 de marzo de 2008, 21:04h
Basta leer el libro Cardenal Rouco: cinco años de magisterio en la Iglesia de Madrid, prologado por el cardenal Carles, y al cuidado sus mil quinientas páginas de Martínez Puche y González Romero, para hacerse una idea de la calidad intelectual del presidente de la Conferencia Episcopal. Rouco es un hombre moderado y prudente. Es un escritor serio. Es un teólogo profundo. Es además, y sobre todo, un cura. Le va a corresponder la lidia, si gana Zapatero, del concierto económico, pues el objetivo primero del entorno zapateril consiste en sustraer a la Iglesia Católica la ayuda que los colegios religiosos concertados reciben del Estado.
La Iglesia Católica nació y se desarrolló como iglesia de los pobres. En las leproserías de todo el mundo, en los hospitales contra el sida, en los asilos, en las favelas brasileñas o en las tierras duras del hambre en África, en Asia, en Iberoamérica, allí están, todavía hoy, el misionero católico, la monja abnegada y silente. En algunos países occidentales, los ricos hacen sus aportaciones a la Iglesia Católica, es verdad. Pero la actividad eclesiástica del clero, de las comunidades de base cristiana y de las ONG religiosas se encamina a atender a los desfavorecidos. El gran éxito de Juan XXIII consistió en la reafirmación del mensaje evangélico, hasta enderezar a la Iglesia en su profunda autenticidad.
El cardenal Rouco ha dicho que "los amenazados y las víctimas de Eta son los pobres del Evangelio de hoy". Por eso "lo mismo en Madrid que en el País Vasco" los católicos tienen que demostrar la "autenticidad de su fe" y no amar sólo con "la palabra ni con la boca" sino "con hechos de verdad".
Inteligente Rouco. Se ha instalado donde debe estar un pastor de la Iglesia: junto al manantial evangélico. Y ha sabido situar sagazmente a las víctimas de Eta entre los pobres del Evangelio de hoy.
Rouco Varela estudió Latín, Humanidades y Filosofía en el seminario de Mondoñedo; Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca para doctorarse en esta especialidad y en derecho en la Universidad de Munich, perteneciendo al Círculo Ecuménico de Canonistas de Heidelberg. Ha sido profesor de Teología y catedrático de Derecho Canónico en la Universidad salmantina. Ha publicado setenta libros, ensayos y opúsculos y nadie sabe tanto en España como él sobre las relaciones Iglesia-Estado, tema desarrollado en el mejor de sus libros.
Pero yo no quiero detenerme hoy en la dimensión intelectual y teológica del cardenal Rouco. Él, antes que nada es un pastor de almas. Es un cura. La vocación sacerdotal le impregna de arriba a abajo. Siempre está dispuesto a atender al que lo necesita, a curar las heridas del alma. Al cumplirse el XXV aniversario de su consagración episcopal, treinta teólogos, catedráticos y escritores publicaron un libro, In Communione Ecclesiae, dirigido por Alfonso Carrasco y Javier Prades.
Se trata de una obra desigual en la que predominan los ensayos excelentes, entre ellos los de varios de los mejores teólogos españoles actuales: José Bullón, Gerardo del Pozo, Pedro Rodríguez, Cándido Pozo, así como Alfonso Carrasco y Javier Prades, directores del libro. Javier Hervada discurre lúcidamente sobre los fines del matrimonio; (tema al que Pedro Juan Viladrich dedicó un gran libro: El amor conyugal entre la vida y la muerte). Julio Manzanares se atreve con las asociaciones sacerdotales; Carlos Corral se adentra en las relaciones Iglesia-Europa; Remigiusz Sobanski traza la imagen del hombre en el derecho; excepcional el ensayo teólogico de José Bullón Amar la vida; Alfonso Carrasco glosa sagazmente a Johann Adam Möhler; Martínez Camino mira el futuro al reflexionar sobre la teología de la creación y las ciencias naturales; Müller se enfrenta con la pregunta "¿Qué es el hombre?", sobre la que Laín Entralgo escribió poco antes de morir un ensayo prodigioso; Gerardo del Pozo interpreta a San Agustín y reconoce en la palabra, en el Verbo, el camino, la verdad y la vida; Pedro Rodríguez define la Iglesia; Pérez Laborda desarrolla una sutil filosofía del cuerpo.
Y mención aparte a Pablo Domínguez Prieto que adensa la expresión final de la filosofía y hace una cita esclarecedora de Wittgenstein: "La mayor parte de las proposiciones y cuestiones que han sido escritas en materia de filosofía, no son falsas, sino carentes de sentido. La mayor parte de las cuestiones y proposiciones de los filósofos obedecen al hecho de que no comprendemos la lógica de nuestro lenguaje". Chomsky pensaba lo mismo. Al final siempre la lengua, la palabra. Si algún día la Real Academia Española vuelve a tener en la Casa al eclesiástico que durante trescientos años nunca faltó, el último fue el cardenal Tarancón, ahí está la sabiduría y el rigor intelectual de este cura excepcional, Antonio María Rouco Varela.
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de la Real Academia Española
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