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final de la exitosa saga de stieg larsson

[i]Millenium 3[/i]: Y con la reina, se hizo justicia

domingo 07 de marzo de 2010, 13:15h
En La Reina en el Palacio de las corrientes de aire, la tercera entrega de la famosa saga Millennium, el personaje de Lisbeth Salander, interpretado como en las dos primeras por Noomi Rapace, la acción comienza inmediatamente después de la última escena de la segunda parte de la trilogía escrita por Stieg Larsson.
Cartel del fin de la saga Millenium.Salander agoniza con una bala alojada en el cerebro, pero ha conseguido desenterrarse y asestar un hachazo a su malvado progenitor. Su urgente llegada al hospital y la difícil intervención quirúrgica para salvar su vida son el punto de partida para la cinta que narra el desenlace de todos los enredos y complots en los que se había ido metiendo la extravagante protagonista en su búsqueda de justicia o, más bien, de venganza. Porque el final de la cinta y, por supuesto, de la novela que se intenta adaptar de la forma más fiel posible que permite la extensión del libro y todos los innumerables datos que introdujo el escritor, supone el justo descubrimiento de que Salander, por muy extraña y rebelde que sea, tenía más de un motivo para estar furiosa con la sociedad y sus instituciones.

Daniel Alfredson, miembro de una conocida familia cinematográfica en Suecia y que ya estuvo al frente de la segunda de las películas de Millennium, dirige también esta tercera, y lo cierto es que a ambas sólo les separa el lapso de tiempo trascurrido entre el estreno de una y otra. Él mismo ha explicado que se rodaron del tirón, una detrás de otra, con los mismos actores y técnicos y en las mismas localizaciones. Ya se sabe que si bien la primera estaba dirigida desde el principio a su estreno en las salas de cine, las dos últimas fueron concebidas para una serie televisiva y sólo llegaron al cine a causa del éxito de la primera, que los productores no quisieron desaprovechar. No obstante, aunque el reparto es fundamentalmente el mismo que en las dos anteriores, sí aparecen personajes nuevos, siempre al dictado de lo que marcó su creador, como Mónica Figuerola, agente secreto, cuyo protagonismo en la novela es fundamental, no sólo por su actuación a la hora de desenmascarar a los malos, sino también por su capacidad para enamorar al protagonista masculino de la obra, el periodista de investigación Mikael Blomkvist. Sin embargo, en la cinta, Figuerola ni se parece a la atractiva fémina que describe Larsson ni tiene un simple flirteo con Blomkvist, personaje del que sigue sin explotarse su lado seductor, a pesar de que éste sea uno de los rasgos significativos con los que el malogrado escritor sueco quiso adornarle.

La película tenía desde luego un desafío nada fácil, su objetivo, aparte del puro entretenimiento, era el de explicar bien, sin dejar cabos sueltos, el desenlace de la saga. Sin embargo, el espectador que haya leído las novelas se encontrará, como en el caso del personaje de Figuerola e incluso también en el del médico y demás personal del hospital que igualmente quedan desdibujado, con que era muy difícil incluir toda la red de mentiras, abusos y desmanes políticos y judiciales descrita en el texto original cuyo principal mensaje era que siempre hay que luchar contra la injusticia. Y es que dos horas y media de metraje no han servido para dar tantas y tan complejas explicaciones. Como suele suceder en los casos de novelas de éxito llevadas posteriormente al cine, disfrutará más quien no haya leído el libro y no se pase toda la película buscando lo que tanto llamó su atención mientras devoraba las páginas, tranquilamente sentado en su sillón favorito.
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