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La difícil relación entre China y Estados Unidos

lunes 08 de marzo de 2010, 08:20h
Pekín y Washington nunca se han entendido bien. No obstante, el gigante asiático y el americano están condenados a hacerlo. Y ello pese a las dificultades que casi a diario suelen surgir. La última de ellas, a cuenta de acontecimientos como la reciente venta de armas a Taiwán por parte de Estados Unidos, a lo que hay que sumar el recibimiento del Dalai Lama en la Casa Blanca hace pocas fechas. En ambos casos, la “provocación” ha venido del lado norteamericano, aunque las situaciones no son comparables.


Por lo que respecta al Dalai Lama, es conocido el malestar que genera a las autoridades chinas cualquier intervención del líder tibetano. Ello es así porque el Dalai Lama se ha convertido en la voz que proclama a los cuatro vientos la sistemática violación de los derechos humanos en el país asiático. Por eso, y por la trayectoria personal del personaje en cuestión, puede entenderse que Obama le dispensara un reconocimiento público en forma de recepción, aunque conviene añadir que los detalles protocolarios hicieron que la cita tuviera un perfil bajo para incomodar lo menos posible a Pekín.


Es más cuestionable, sin embargo, el asunto de la venta de armas a Taiwán. Desde luego, no será porque la industria armamentística estadounidense carezca de mercado. Antes al contrario, el material militar suele tener muy buena salida ya que, en términos económicos, es lo que se conoce como “demanda inelástica”; con o sin crisis, hay gobiernos que no escatiman gastos a la hora de nutrir su arsenal bélico. Y estando el tema de Irán por medio, tradicional aliado de China, quizá la administración Obama debiera haber sugerido a sus holding militares que se buscasen otro cliente con menos aristas diplomáticas. Si Washington pretende recabar el apoyo de Pekín en contenciosos como el de Irán o incluso el de Corea del Norte, no parece buena táctica la de enojar al posible socio. Fundamentalmente, porque de la actitud de dicho socio dependen en gran medida los futuros quebraderos de cabeza de Obama en política internacional -cuyos sobresaltos, dicho sea de paso, no suelen gustar en absoluto a los mercados financieros.

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