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Michael Foot

miércoles 10 de marzo de 2010, 19:08h
Michael Foot ha fallecido en Londres a los 96 años de edad. Diversas necrológicas han insistido en la idea de que con él desaparecía el último romántico del laborismo británico.

En diciembre de 1976 participé en el XVII Congreso del PSOE en Madrid, el primero que celebraba un partido político después de la Guerra Civil. Michael Foot fue uno de los invitados más aplaudidos en aquella ocasión singularísima, en la que también intervinieron los más destacados líderes del socialismo democrático internacional, como Willy Brandt, Olof Palme, François Mitterrand, Simon Peres y un largo etcétera. Recuerdo que Michael Foot hizo un discurso brillante, muy británico, sin las gruesas palabras que otros emplearon en momento tan señalado. Foot pertenecía a una generación que había apoyado a las brigadas internacionales, y que había seguido nuestro conflicto como un prolegómeno del enfrentamiento de Gran Bretaña con el nazismo alemán. Su romanticismo político y su acreditada capacidad como periodista y como crítico literario –Foot escribió sobre Lord Byron y Jonathan Swift- le aproximaban a George Orwell.

Él conocía España de forma literaria, como casi todas las demás materias que abordó en su larga vida. El Madrid se metió al Congreso socialista en el bolsillo, gracias a su simpatía. Comenzó su discurso en español, pidiendo escusas por no saber bien la lengua de Cervantes… ¡por lo que no tenía más remedio que continuar en el idioma de Shakespeare! Sus palabras hicieron reír y entusiasmaron a los que las escucharon.

Poco después se hizo cargo del Labour Party después de la derrota de Jimmy Callaham ante Margaret Thatcher. Le ganó a Denis Healey, un laborista que propuso fórmulas que Blair aprobó veinte años más tarde. Tampoco Foot era el más izquierdista entonces. Tony Benn, el aristocrático Anthony W. Benn, era aún más radical en casi todo. Por ejemplo Michael Foot, aunque estaba a favor del desarme nuclear unilateral, estuvo firmemente con Margaret Thatcher defendiendo la presencia británica en las Islas Malvinas. Actuó en aquella guerra contra Argentina como un nacionalista británico. Y ese fervor patriótico lo tuvo también cuando condenó los crímenes estalinistas, el racismo de Iam Smith en Rodesia, y tantas violaciones de la libertad y de los derechos humanos que se encontró durante su vida.

Era un izquierdista romántico y literario, pero que se mantuvo firme en su apego a las libertades clásicas. Se enfrentó a Margaret Thatcher con un programa de 700 páginas, una dosis enciclopédica de medidas rigurosamente intervencionistas y socializantes. Gerald Kauffman, un compañero suyo de partido, sarcásticamente, opinó que ese programa “era la nota de suicidio más larga de la historia”. Thatcher obtuvo el 60 por ciento de los votos, una parte de los laboristas fundaron otro partido socialdemócrata – Roy Jenkins, David Owen, Shirley Williams y William Rodgers, los “Gang of Four”- y el Labour Party, después de esa descomunal derrota, hizo una renovación ideológica parecida a la de los socialistas alemanes o a la de los socialistas españoles. Michael Foot, con todo, mantuvo el afecto y el respeto de muchos británicos, no sólo socialistas.
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